martes, noviembre 28

Lucky Star




Existe una serie de creencias espirituales o sobrenaturales sobre la buena suerte. Estas creencias varían ampliamente , pero la mayoría está de acuerdo con que la suerte puede recibir influencia a través de medios espirituales realizando ciertos rituales o evitando ciertas circunstancias. Otras asocian a la suerte con un fuerte sentido de la superstición, es decir, una creencia de que ciertas acciones tabú o benditas influirán en la fortuna futura. Los Mayas, Aztecas e Incas, particularmente, tenían fuertes creencias sobre la relación entre los rituales y la suerte. Jung describía la sincronicidad: las coincidencias temporales de eventos casuales.
Yo creo que es una cuestión de pensar en positivo y dejar que las cosas fluyan. El evitar pensar que lo que nos va a pasar es malo.
Desde un tiempo a esta parte he decidido no pre-ocuparme por lo que vendrá. Cada momento de la vida tiene ya sus contras como para estar ansiosos por el día de mañana. Y tengo la suerte de vivir con alguien que me ha enseñado a vivir el hoy, el presente, mañana no llegará antes del amancer por más que nos empeñemos. Por eso no creo ni en la buena ni en la mala suerte. Creo en la causa y el efecto.
Todo esto trae a colación, una serie de hechos afortunados que quiero compartir con vosotros. Sacamos los billetes de avión prácticamente en el último momento y contra todo pronóstico, lo conseguimos, a pesar de no ser exactamente las fechas en las que lo habíamos planeado ni en las circunstancias planeadas, pero los billetes están ahí. Ayer, no había ni un solo portátil en todo el enorme edificio del Corte Inglés de San Chinarro al alcance de mi bolsillo que valiera la pena. Pero una buena señora que había reservado uno, llamó justo en el momento que yo ya me iba bendiciendo la el bien de la situación y pensando que por algo no habría más en stock, que ya saldría otra oportunidad de chollo en otro sitio. En resumidas cuentas, estoy escribiendo este post en mi nuevo portátil. Y para coronar el pastel, hoy Hacienda me envía un cheque de devolución, por el importe del portátil!
Esta mañana abro por casualidad una carta dirigida a mi marido en la que decía debía estar a las 10 de la mañana en un sitio, por asuntos de su incumbencia. El no estaba en casa, pero logró llevar a su cita a tiempo.
¿Buena racha? ¿Buenos días? ¿Mi estrella de la suerte brilla sobre mi? No lo se ni quiero darle más vueltas al asunto. Y si a todo esto le sumo todas mi bendiciones, las cotidianas, las del alma, debo reconocerme como una persona afortunada.


Ahora cuéntame tú tu día de buena suerte.

jueves, noviembre 23

Se acabó. Perdón: ¿Se acabó?



Entré en casa arremetiendo con la puerta. Estaba cansada de un largo viernes de clases en el Queen. Tiré los libros, el portafolio y el bolso en el sofá de la entrada y me derrumbé en el sofá de enfrente. Encendí mecánicamente la tele como cada viernes buscando alguna peli en el HBO. Aún no eran las diez, así que me fui a la cocina a meter en el microondas el último tupper con comida congelada del finde anterior.

Mientras tanto me di una ducha de agua templada para relajar músculos tensos y cabeza estresada. Restregué cada milímetro de mi cuerpo como me había indicado el médico. Salí envuelta en mi bata blanca de toalla. Bebí mi riguroso vaso de agua fría, que a esas alturas no se si me hacía algo más que sentir la sensación de un bisturí rasgando la encía al lado de mi muela del juicio y cené en silencio. Ese silencio que no es este. Ese silencio impuesto, obligado. Un silencio de soledad. Soledad de las que retuercen la carne sin darte opción ni siquiera a gritar.

Después de comer siempre venía lo peor, así que me apresuré a la tele y a extender la mano en busca de la tableta de chocolate Garoto. La engullí como si mi estómago estuviese vacío, como si el plato de lentejas no hubiese ocupado sitio en él. Nada, no se iba. De hecho, cada segundo iba a peor. No se cual era la peli, ni de qué iba. El hormigueo era constante, impertinentemente insoportable.

Sentía como si millones de diminutas e inmundas hormigas deambularan por mis huesos. No exagero. Comencé por tensar mis músculos para luego intentar relajarme. Nada. Subí las piernas al sofá apretándolas fuertemente sobre mi pecho sin que el más mínimo movimiento en la pantalla lograse transportarme al mundo de la ficción. Imposible, no podía escaparme de la realidad, de mi realidad.

Súbitamente me encontré con mi propio reflejo en el espejo que tenía a mi derecha.

Me estremecí al verme. La cara desencajada, piernas y brazos entrelazados como anudando al cuerpo.



No sé lo que siente un heroinómano ni un cocainómano ante la falta de la droga. Sólo sé lo que la ausencia de nicotina siguió haciendo en mi pasados los seis meses desde aquel 1 de mayo del 2000 cuando decidí que se había acabado, que ya no fumaba más.

Que no me digan que no cuesta. Que no me cuenten a mí historias de que se deja de un día para el otro. Que no me digan que no se pasa mal. Que no me quieran hacer creer que soy yo la única.

Se lo que sentís los que lo habéis dejado. Yo también estuve ahí. Se siente uno con gran superioridad. Se siente que los estúpidos que no dejan de fumar no lo hacen porque no quieren. Comienzas a ver que tu piel pilla un tono más saludable, que te sientes mejor, que ya no te fatigas al subir las escaleras de un tercero sin ascensor. Que el pelo te brilla más. Te sientes con el derecho a aconsejar, a degradar, a humillar a los indeseables que no lo han logrado.



Pues os felicito, lo habéis superado, lo habéis logrado. Yo no. ¿Debería por ello pedir perdón?

Nota: Os reto a ser sinceros. Os reto a contar vuestras experiencias al dejar de fumar. ¿Cuáles han sido vuestras hormigas? ¿Cuál ha sido vuestro chocolate? ¿Y vuestra imagen frente al espejo? ¿Os atrevéis a desnudar vuestras almas?¿Realmente seréis tan valientes de reconocer vuestras batallas contra el tabaco?

Os espero...

martes, noviembre 21

Campos de Castilla




Para los que habeis llegado más tarde, anteriormente tuve otro blog. En él describí más de una vez el sitio donde vivo: Valderromán. Un pequeñísimo pueblo de Soria. Un pueblo enclavado en un valle; un "valle de Romanos". Está ubicado al noroeste de la provincia de Soria, en un rincón de la España olvidada por el tiempo y por gobiernos, pero no por la historia. Linda con las provincias de Guadalajara y Segovia; y es vecina de la antigua Tiermes o Termes o Termancia: la ciudad que más se resistió a Roma (aunque sea Numancia la que se lleve todos los méritos por estar más cerca de la capital soriana) www.tiermes.net

No existe gentilicio alguno para nombrar a los habitantes del pueblo, pero si lo hubiere yo lo tomaría como propio, porque me lo merezco, porque me lo he ganado. Porque lucho día a día por este pueblo, por este valle. Me siento de aquí, pertenezco a este lugar. Soy Termestina, soy Arévaca, soy de esta tierra aunque no haya sido parida aquí. Por eso quiero vivir y morir aquí. Y si por ventura el destino me hace perecer en otras tierras, es mi deseo que mis cenizas sean esparcidas al viento y que cada grano de esta tierra, cada piedra de este valle en la Meseta, cada encina de estos montes se impregnen de mi como me he impregnado yo de ellos.
Amo a esta tierra castellana. Amo su austeridad, su corto verano, su eterno invierno. Amo sus valles y sus colinas, sus cerros y sus montes. Adoro su olor a hierbabuena y a romero y a tomillo de la sierra. Amo la soledad y la quietud de una región con menos de 1 habitante por kilómetro cuadrado. Quiero este silencio sin fecha de caducidad y este aire limpio de contaminaciones. La sencillez de sus gentes, el sonido cantarín de la fuente de mi pueblo.
Pese a quien le pese, yo soy de aquí; no soy de allá.
"You're mine,
and we belong together
yes, we bolong together
for eternity"









Nôtres àmes



Te quedaste mirándonos mientras bajábamos a la plaza. Un susurro de ángeles me hizo girar y te vi. Apoyado contra la piedra sólida de la casa, con ese gesto de ternura en tu rostro que me dio ganas de correr hacia ti y abrazarte fuerte.

¿En qué estarías pensando? ¿Qué extraño sentimiento te ha embargado? ¿Recordarías tus días de soledad antes de que nuestras vidas se cruzaran? ¿Habrá rodado una lágrima de emoción por tus mejillas curtidas por el aire seco?Tal vez es que nunca ni en tus sueños, imaginaste a tu mujer y a tu hijo bajando la calle hasta plaza. Y aunque nos habrás visto haciéndolo millones de veces, hoy te ha llegado más allá.

Comparto contigo ese sentimiento. Cuando os veo juntos jugando, o marchando, o arreando ovejas, os observo en silencio. Mis ojos se deleitan con vuestra presencia. Y me pregunto qué hubiese sido de los dos si nuestras soledades no se hubiesen encontrado. Qué hubiese sido de nosotros si la magia no nos hubiese encantado.Y a menudo me respondo que seríamos dos almas deambulando por el mundo. Dos almas sin espejo, sin destino, sin sueños ni esperanzas.

Esta mañana tuve ganas de abrazarte y darte gracias por estar, por estar siempre. Por todos estos años de experiencias compartidas. Por estos años de amor que viene y va. Pero por estos años de certezas, de tranquilidad, de paz.

Llegarás más tarde, con un cesto rebozante de setas, como cada mañana. Y mientras las estés limpiando te daré ese abrazo truncado de esta mañana. Y no entenderás nada y me mirarás con esos ojos tuyos risueños de color de almendras. Y sorprendido me dirás que tu también me quieres… y me preguntarás qué bicho me ha picado.

lunes, noviembre 20

LA VIDA ES BELLA


Hoy hablaba con alguien sobre películas que nos habían gustado. Luego hice un repaso mental de aquellas buenas de verdad que he mirado y recordé La vida es bella.Se puede decir que la mitad de la película es un poco caprichosa, otro tanto romántica o llena de bufonadas. Pero creo que es una de las películas que más me ha llegado al corazón.

El título fue sacado de una cita del último testamento de León Trotski. Mientras estaba en Méjico, a sabiendas de que pronto sería asesinado por los agentes de Stalin, vió a su mujer en el jardín, y escribió:

Natasha acaba de acercarse a la ventana desde el jardín y la ha abierto más para que el aire entre más libremente en mi habitación. Puedo ver el verde luminoso de la hierba debajo del muro, y el límpido cielo azul sobre él, y la luz del sol por todas partes. La vida es bella. Ojalá las generaciones futuras la limpien de todo mal, de toda opresión y violencia, y puedan disfrutarla al máximo.

Cuenta mágicamente las experiencias de un padre que se empeña en encontrar el sentido humorístico de las situaciones extremas de un campo de concentración y todo eso con tal de hacer sentir bien a su hijo sin que éste se de cuenta de la situación real. De hacerle sentir que la vida puede ser un juego aún frente a las inhóspitas habitaciones de un campo de concentración, el hambre y la enfermedad.Haciéndole creer a su hijo que se trata nada más que de un juego, logra salvar la vida de éste sin pensar tal vez que le costaría su propia muerte.

Una película que es un canto al amor. Al amor incondicional que lleva a un padre a dar la vida por un hijo. Y a la vez un canto a la inocencia y a la complicidad, dejámdonos el mensaje que el amor verdadero es capaz de vencer cualquier obstáculo. Nunca me cansaré de verla.

La información sobre el título de la película fue sacado de http://en.wikipedia.org/wiki/Life_is_beautiful

sábado, noviembre 18

Deber cumplido




Estaba sentada tipeando lo que sería el último artículo de la edición de noviembre. Casi relajada, ya quedaba poco. Sentía el costilleo anticipado de lo que vendría después. Un poco de tiempo para mi, bloguear un rato, postear algo. O simplemente esperar a que se me ocurriera algo. O tal vez una siesta corta.
Pero no. Allí estaba él. Lo podía ver con el rabillo del ojo. Silente, insultante ante mi atrevimiento.Ufano, repleto, harto de tanta saciedad.
Intenté ignorarle, como llevaba haciendo desde hacía ya varios días. Su mutismo era en vano. Su presencia a mi lado lo decía todo. Esperaba de mi lo que no podía o no quería darle.
En vano intenté seguir con mi trabajo. Su panza oronda, rellena, me hacía mirar en dirección a él. Cómo logra desconcentrarme siempre, no lo entiendo ni lo entenderé, pero siempre lo logra. Siempre se sale con la suya. Hacerme esto a mi, que he intentado buscarle el mejor lugar en mi casa. Quitarme de mi enfrascamiento en el trabajo. A mi que he aprendido a trabajar con la tele encendida con las voces de piecito y su pandilla en el valle encantado. Con ruido de tractores y camiones de juguetes, con risas de niños. Sin embargo, su presencia lo hace posible. Aunque esté ahí, como inerte.
No pude más. Acabé a toda prisa la traducción, esperando tener luego tiempo por la noche para darle el último retoque. Apagué el ordenador. Abrí la tabla y calenté la plancha... El cesto ya está vacío.

jueves, noviembre 16

Tiempo de contradicciones


Se va acercando el momento: el estrés va aumentando. Será un largo viaje. Primera parada: Santiago de Chile, segunda: Buenos Aires. Combinaciones de autocares. Taxis y mil vueltas. Puentes cortados. Maletas, calor, prisas, largas esperas. Demasiadas horas para llegar a destino. ¿A cambio de qué? No lo se.

Mientras tanto el valle invita a quedarse. La alfombra marrón ya cubre la plaza. El invierno va llegando tardío este año, como invitando a quedarse. No se resigna a vernos partir. Calorcito del mes de noviembre en estas tierras. Un milagro como tantos otros. Casi un mes lejos de mis cerros, casi un mes lejos de mis olores tan conocidos, de este aire puro. De la bruma que se levanta por las mañanas tiñendo todo de gris azulado, para luego elevarse regalándonos ese azul de cielo límpido, ese azul sin contaminaciones.

Cómo contarle a brisa que la echaré tanto de menos. Cómo explicarle a mis rincones que no estaré en tanto tiempo. Vacaciones obligadas que no se le puede explicar a un valle con tanto encanto. ¿Qué harán nuestros duendes sin la risa de Martín alborotando su pradera? ¿Y lo perritos nuevos? ¿Y los corderos recién paridos sin que nadie los coja de las patas?

¿Cómo será la Navidad sin nuestras risas? ¿Cómo será la plaza nevada sin nuestras huellas? ¿Esperará la nieve nuestras bolas, nuestros muñecos a pie de calle? ¿Nos dará el manto blanco la bienvenida en enero?

Quiero que diciembre vuele. Quiero volver antes de marcharme. Quiero que esta angustia intolerablemente absurda se disuelva en el aire. Quiero volver a mi paz, quedarme en mi silencio. Quiero que este año lleno de emociones y sentimientos encontrados llegue a su fin, por fin, para siempre.

miércoles, noviembre 15

Propuesta


Te propongo que juguemos. Que saquemos el niño que llevamos dentro. Que nos divirtamos un poco. Que desempolvemos nuestras neuronas. Que dejemos por un rato de lado nuestros propios rótulos y nuestros prejuicios. ¿Te atreves?


¿Cuál es su nombre?
¿Qué te sugiere?¿Un refrán tal vez o una cita citable?
¿Una reflexión o un verso quizá?
Lo que se te antoje...

lunes, noviembre 13

Regalos Navideños




Llegan las Navidades, y como todo el mundo ya voy pensando qué comprar a quién. Sobre todo este año que son Navidades especiales para nosotros. Sacas cuentas y seguramente nunca te alcanzará para poder comprar todo lo que quieres.



Hoy, de pronto, me vino a la cabeza esta historia que leí hace muchos, muchos años, en mis clases de Proficiency: The gift of the Magi de O. Henry. La reflección es que a veces la gente se llega hasta a endeudar por hacer regalos fuera del alcance de sus bolsillos, cuando en realidad el receptor simplemente desea un detalle que les recuerde el cariño que tenemos hacia él.









Un dólar y 87 centavos. Eso era todo con lo que Della contaba. Los contó tres veces. Un dolar y 87 centavos. Y al otro día sería Navidad. Evidentemente, no había nada que hacer más que llorar. Cuando acabó con su llanto miró a través del cristal de la ventana como pensando. Solo tenía un dólar y 87 centavos para comprar a Jim, su Jim un regalo de Navidad. Había ahorrado durante meses, regateando, para llegar a esa penosa cifra. Muchas veces había planeado comprarle algo bonito. Algo fino y raro y de calidad. Algo que se acercara a merecer el honor de pertenecer a Jim.

Mientras miraba su propio reflejo sobre el cristal de la ventana, su cara empalideció de pronto. Rápidamente se soltó su larga melena.

Había dos posesiones en esa casa de las que se sentían orgullosos: el reloj de oro de Jim que había pertenecido a su padre y a su abuelo, y el pelo de Della.

Ahora el pelo de Della caía como una cascada de aguas castañas. Le llegaba hasta debajo de las rodillas y le hacía parecer una prenda de vestir. Entonces lo recogió rápidamente, con gesto nervioso. Una vez hubiera acabado de titubear, se puso de pie mientras una lágrima o dos cayeron sobre la gastada alfombra roja.

Se puso su vieja chaqueta marrón y su viejo sombrero del mismo color. Y con el brillo aun en sus ojos, se apresuró a la puerta y bajó los escalones hacia la calle.

Se dirigió hasta donde un cartel rezaba: Mme. Sofronie. Productos Capilares de Todo Tipo”. Della se apresuró a entrar al local. Casi como en un susurro preguntó a la dueña si le interesaría comprar su larga cabellera. Madame pidió verla. La cascada se meció sobre la espalda de Della.

Veinte dólares le ofreció Madame después de analizar su pelo con dedos expertos. La respuesta de Della no se hizo esperar: “Los quiero ya!”

Durante las dos horas siguientes Della recorrió tiendas en busca del regalo perfecto para Jim. Al final lo encontró. Seguramente habría sido hecho para Jim y para nadie más: una cadena de platino para su reloj de bolsillo. Una pieza sencilla, como deben ser las cosas buenas. Veintiún dólares le costó. Corrió a casa con los 87 centavos recordando la vieja correa de cuero que Jim usaba en su reloj de bolsillo.

Cuando llegó a casa intentó recomponer los destrozos hechos por generosidad sumado al gran amor que sentía por Jim. No había vuelta atrás, aunque pareciera un chico en edad escolar. Pero, ¿y si a Jim no le gustaba? Pues nada, qué otra cosa hubiera podido hacer con un dólar y 87 centavos?

A las 7 de la tarde oyó los pasos puntuales de Jim. Se acomodó a la mesa de cara a la puerta por donde él siempre entraba con la cadena en sus manos. Empalideció por un momento. Susurró: “Dios, por favor, haz que siga creyendo que soy hermosa”

La expresión de Jim al ver a Della no fue de rabia, no fue de sorpresa, ni de desaprobación, ni de horror. Nada de lo que ella se había preparado. Se acrcó lentamente hacia él.

Le explicó su motivo, su por qué. Intentó persuadirlo de que su pelo crecía horriblemente de prisa. Y cuando hubo acabado, le extendió su regalo de Navidad llena de orgullo y expectante.

Jim le respondió con una sonrisa triste que nada , ni un corte de pelo ni nada le haría cambiar de opinión sobre la belleza de su chica. Pero que si habría el paquete que él le había traído, entendería su cara de descontento.

Con dedos temblorosos Della desgarró el fino papel que cubría el regalo para descubrir… unas peinetas de concha de tortuga por las que hubiese dado la vida unas horas antes. Las que había adorado frente a un escaparate. Eran peinetas caras, lo sabía, y su corazón había llorado en silencio al saber que nunca serían de ella. Y ahora que le pertenecían, los mechones sobre los cuales hubieran quedado de maravillas ya nos estaban. Sin embargo no se permitió la tristeza. Abarzó a Jim y una vez más le recordó que su pelo crecía rápidamente.

Jim aún no había visto su regalo. Se lo mostró ansiosamente y le pidió su reloj para ponerle la brillante cadena. Quería ver cómo se veía puesta en el valioso reloj de bolsillo. Jim no pudo dárselo, lo había vendido para comprarle a Della sus peinetas.



domingo, noviembre 12

Abrazos extranjeros


Corro hacia el mostrador. Debo acabar con este trámite burocrático lo antes posible, más que nada porque mi mente ya no soporta más papeleo de lo que será mi último trámite en extranjería.


A mi derecha un hombre de unos 40 años con una carperta color caoba con papeles muy bien ordenados. Quien estaba detrás del mostrador va recitando un extenso rosario de peticiones: certificado tal, traducción cual, si, esta si; no, esa todavia no. Desde su sitio de superioridad intenta inútilmente enredar al hombre de razgos marcadamente moros. Todo está correcto. Desde detrás del mostrador se ve la vida de otro modo, me decía la mirada de ese hombre.


- Bien, bien. Ahora, por último me vas a dar el expendiente tal.

- Este es, señor.

- Ya, pero en árabe. Yo necesito la traducción.

- Traducción en primer papel, señor

- No esa traducción es la del primer papel y no la necesito para nada, dame la traducción del último papel.´

- Traducción es de los dos papeles, señor.

- No, a ver. A mi no me interesa lo que dice el primer papel. Yo quiero este, ves, este traducido sólo, no en conjunto. ¿Me entiendes?

- Si, señor. Yo mando dinero otra vez para que traducir este papel solamente, señor. Gracias, señor.

- Siguienteeeee


Me arrimo, no pudiendo creer lo que oian mis ojos, mirando al pobre hombre dejar la sala cabizbajo. Le extiendo mi tarjeta de residencia inutilizada.


- Uruguaya. Al menos a ti te voy a entender. Uff, qué estrés.

- No tanto como el de ese pobre hombre...

- ¿Perdón?

- Nada, déjelo. No vale la pena.



Acabé y me fui a Tiermes a tomarme mi clásico descafeinado con agua. En la barra Georgi, mi compañero búlgaro. Un encanto de persona. A poco de llegar, entra un españolito.


- Qué hay.(Algo así como buenas)

- ¿Qué le pongo?

- Una caña, tronco(despectivo)

- ¿Perdón?

- ¿Cómo se dice caña en rumano,tío?

- No lo sé, no tengo ni idea.

- ??? (cara desconcierto) ¿Me estás vacilando, tío? ¿Tú a mi?


No pude más, le contesté yo:


- Mira pedazo de ignorante. Para empezar no es rumano, tampoco es un tronco y no creo que

sea tu tío porque no creo que en su familia haya alguien tan maleducado como tú.

- Bueno, bueno con la señora... ¿Me pones la caña o qué? Si no me marcho...

- Como usted desee...


El "tío" se fue. Agradecí que mi jefe no estaba en el bar y que yo no estaba trabajando en el hotel, pero me quedé tan, tan a gusto...





Y hoy, leyendo los blogs que me interesan, me encuentro con un post en la Caja de los Hilos, donde Sole nos cuenta que hay un loco lindo que va abrazando gente por la calle. Abrazos, qué bien le vendrían a más de uno! ¿Os imagináis al tipo de extranjería siendo abrazado por el moro que deberá gastarse quién sabe cuánta pasta para dejarle contento? ¿O a mi amigo búlgaro abrazando a quien se enfadó porque no sabía decir una palabra en otro idioma?


Para pensar... Mientras pensamos, abracémonos, que es una de las cosas más bonitas que hay. Indiscriminadamente. Sólo por el placer de abrazar.

sábado, noviembre 11

Para alguien muy especial

FELIZ CUMPLE NICO!!!!!

También hubo buenos recuerdos


Los recuerdos del sur son nada más que eso: recuerdos. La melancolía, la nostalgia, la morriña es por la gente que dejé allí. Pero nostalgia por la tierra no tengo ni la he tenido. Será por eso que ahora estoy en esta encrucijada: los billetes ya están comprados, los pasaportes listos, dinero ahorrado, regalos comprados, casi todos, podemos ir los tres, tenemos vacaciones, podemos ir ...y no me apetece ir. ¡Pero quiero ver a mi gente!
La ciudad en que nací tiene mucho y tiene poco. Tanto resurge como se hunde. A mi me hundía. Es bonita, no puedo evitar reconocerlo. Se eleva sobre dos cerros sobre el Río Uruguay. En uno de ellos está la Plaza Bella Vista. De ella lo que más recuerdo es su biblioteca con ese adorable olor a libros viejos. Soy socia desde que tenía 7 años. Me llevó mi madre, extrañamente. Aún recuerdo el nombre del primer libro que saqué: "Misia Pepa". Y también recuerdo con ya 15 años, a un chaval de unos 20 que me recomendó "Love Story", recitándome la primera frase del libro: "¿Qué se puede decir de una chica de 20 años que murió?" El que más me llegó: "Mi planta de naranja-lima" de José Mauro de Vasconcellos. Lo leí entre lágrimas debajo de la anacagüita del jardín de mi casa.
Sobre el otro cerro se levanta la Basílica (la catedral) y la plaza Constitución. Antes tenía una fuente hermosa que fue "arrancada" para erigir un mausoleo en honor a un prócer decadente y poco querido por el populacho. No me cansaba de corretear alrededor de lla, sobre ella. Allí mi hermano y yo comíamos los helados más ricos del mundo. Detrás de la basílica, el colegio de los curas Salecianos; sitio que me énseñó que los curas están mucho más lejos que yo de Dios. Y que las religiones son "el opio de los pueblos" De hecho salí de allí creyéndome atea. Por suerte luego la vida me demostró que Dios está, póngasele el nombre que tercie o apetezca.
Bajando hacia la ribera, las playas del río en este orden de sur a norte: Mayea (imposible bañarse allí, por lo que nunca entendí por qué se han empeñado en llamarle playa); Remeros, Park- donde iban los pijos de mi colegio, yo no; la zona A y la zona B. A ésta última le gustaba ir a mi padre por las tardes a tomar mate mientras nosotros nos bañábamos. De la zona A tengo los mejores recuerdos. Ibamos tempranito con mi madre y mi hermano, a eso de las 9, con una neverita con sandwiches y Jugolín(zumo de fresas tipo Tang, pero aún más cutre). También íbamos con mi tía Elisa y su inconfundible olor a aceite de coco con yodo. Un olor delicioso que aún siento cuando me acuerdo de ella. Al pasar por el Teatro de Verano saltando de banco en banco, ella siempre nos contaba que en los años 40 y 50 allí se proyectaba cine de verano. Increíblemente no nos aburría su reiterativa historia, es más , si no lo hacía le pedíamos que nos la contase. Era algo así como un ritual.
Luego estaba la quinta del Tata. Era enorme y hermosa e inolvidable, con sus acelgas, sus tomates cobijados bajo los quinchos, su pileta para lavar la verdura, la noria, los ciruelos y ... las higueras!! Pero ya no está; fue barrida, arrancada de raiz, ultrajada por la construcción de una urbanización...
De adolescente y de no tanto, el Centro Bar, que según me cuentan ya no existe. Mis recuerdos allí: el cigarrillo a escondidas, "el primavera sin alcohol", mis largas conversaciones con la Negra, el cotilleo por la ventana que daba a 18 para ver si "él" pasaba. Una noche en particular unos meses antes de venirme creo, estaba Soledad Felloza, la cuentacuentos y culpable en gran parte de este blog. Fui un poco reticente al principio a ir con mis compis del Queen, pero luego quedé maravillada ante tanto arte.
El Gran Hotel y mis sábados con Nico y Tone comiendo sandwiches calientes y fuera Ramoncito, un enano canillita (vendedor de periódicos)
Mi barrio: uno como cualquiera con su almacén, su kiosko. Su peculiaridad es que tiene en una misma cuadra dos iglesias protestantes: una luterana y otra mormona. Y que había en esa cuadra más solteronas de lo que se puede imaginar en cien metros llanos. De niña recuerdo la casa de la esquina; típica casa de aires andaluces, patio central con aljibe y alcobas enfrentando el imponente colorido de sus madreselvas y glicinas. En un parecido, en frente de mi casa, aprendí yo a patinar.
Los recuerdos traen sabores a caramelos Toti y a los Chocolondos que comprábamos con mi hermano en el almacén de la esquina para coleccionar las carta de la Pantera Rosa. Los sonidos de la calle con los inconfundibles gritos de la Marta llamando al Pancho y a la Marisa. Y el taller de costura de Diva y disfrazarnos con retales. Las larguísimas horas de dama y parchís o jugar a los indios. El nacimiento de Virginia y sus rizos negros y su piel blanquísima y suavecita. Contarle historias que la asustaban - eso dice ella- en el patio de su casa.
La palmera de la casa de al lado y las recomendaciones de que nos mantuviésemos alejados porque dentro había un colosal nido de ratas. Versión desmentida cuando la civilización llegó y masacró la bealdad natural.
¿Los recuerdos feos? Están escondidos en un baúl bajo siete candados. He sobrevivido a ellos. Lo he logrado.
Volver ahora me da miedo, debo confesarlo una vez más. Miedo de pasar por la quinta del tata y no verla, a no ver a la gente que se fue en mi ausencia. Miedo a que los amigos hayan cambiado demasiado. A ver la puerta de "mi" Queen cerrada para siempre.
Va a ser difícil, hace 6 años que no veo a la mayoría de mis amigos aunque nos mantengamos en contacto. En el fondo sé que como dice el poeta "nosotros los de entonces, ya no somos los mismos"...

viernes, noviembre 10

Un día para recordar


Nuestra Señora de la Almudena: Fiesta en Madrid. Editorial cerrada, día jueves = día libre!

Martín tenía clases pero decidí, en contra de la voluntad de su progenitor, no mandarlo al cole.
Decisión acertada si las hay.






Mañana de plástica,juegos, risas y mucho amor. Pintura de dedos al principio sobre un papel que supo ostentar en su momento un blanco inmaculado, para luego dejar fluir el río multicolor sobre narices, mofletes y orejas. Pasadas de balón que nuestra calle desierta agradeció.


Antes de comer tocó un paseo en bici por la plaza y recogida de hojas de otoño. Fue una selección a conciencia y minuciosa. Las típicas preguntas de las señoras del pueblo no se hicieron esperar; que por qué no fuiste al cole, que si está malito, que si su prima le contagió la gripe, que si está mal hacer pellas...


Comimos en el salón, no en la cocina como de costumbre, porque la ocasión lo merecía. Primer plato: macarrones con salsa bolognesa, segundo plato: pescado empanado y de postre mango fresco. Cómo nos gusta el olor y el color de los tintes de la piel del mango! Luego, siesta obligada para recobrar fuerzas para la excursión de la tarde.
Hacía un día muy bueno así que salimos en dirección a la fuente de los huertos. Pensé que allí descansaríamos, pero mi pequeño aventurero no estaba dispuesto a detenerse ni un segundo. Quería llenarse de ese día de encanto.
Me llevó hasta lo alto de la montaña. El oficiaba de guía. Me quería enseñar unos prados que según él estaban al otro lado, que se veían desde la cima. Allí encontraríamos setas de cardo brillando al sol de noviembre. Me fue indicando por donde pisar, no fuera cosa que me cayera, según su padre le debe indicar a él cuando van de andanzas juntos. Yo lo seguía pero no por el mero hecho de acatar sus órdenes, sino para no perderle de vista a causa de mi falta de oxígeno.
Efectivamente, y ante mi sorpresa, desde lo alto de la cima se veían esos prados que mi pequeño explorador quería encontrar. Yo nunca había estado allí. Las setas brillaban... pero por su ausencia. Sin embargo, ese verdor impoluto logró resarcirnos de su falta. Merendamos allí y mantuvimos la conversación más bonita y más tierna que he tenido con nadie;y que me guardaré en mi corazón para no pecar de indiscreción .
El baño de espumas relajó músculos cansados. Los míos claro está, porque mi principito rubio se quedó un rato más en la calle jugando a la pelota con su pandi, mientras yo agradecía ese momento tal y como si estuviera en el mejor spa de thalasoterapia.
Un día único pero espero no irrepetible. Un día de emociones intensas saboreadas al máximo.Ese amor tan conocido ya, a flor de piel. Y este sol primaveral en pleno Noviembre otoñal que nos regaló una jornada espectacular. Otro de los milagros que nos regala el valle cuando siente que su gente necesita un pequeño milagro para acercarse, para sentirse más cercana, para ser feliz. Noviembre le ha robado este día a la primavera tan lejana para poder cumplir con el sueño de esta madre que tan sólo pedía el increíble milagro de un día entero con su principito. Y así fue...

martes, noviembre 7

ANTES DE SER MAMA

ESTE ES UN MAIL QUE ME MANDARON HACE TIEMPO Y QUIERO COMPARTIRLO PORQUE LO SIENTO MUY MÍO AUNQUE NO LO HAYA ESCRITO YO










Antes de ser mamá...
Yo comía mi comida caliente.
Mi ropa lucía planchada y limpia todo el día.
Podía sostener largas y tranquilas conversaciones telefónicas.
Antes de ser mamá...
Me dormía tarde, tan tarde como quería y jamás me preocupaban las desveladas.
Cepillaba y cuidaba mi pelo, lucía uñas largas y hermosas.
Mi casa estaba limpia y en orden, no tenía que brincar juguetes olvidados por todos lados.
Antes de ser mamá...
No me apuraba si alguna de mis plantas era venenosa, ni pensaba en lo peligroso de las escaleras o las esquinas de mis muebles.
No dejaba mi tiempo en consultas mensuales con el doctor, ni consideraba siquiera la palabra VACUNA.
Antes de ser mamá...
No tenía que limpiar comida del suelo, ni lavar las huellas de pequeños deditos marcadas en los cristales.
Tenía control absoluto de mi mente, mis pensamientos, mi cuerpo y mi aspecto físico.
Dormía toda la noche y los fines de semana eran totalmente relajados.
Antes de ser mamá...
No me entristecían los gritos de los niños en la consulta médica, no tuve jamás que detener, con lágrimas en mis ojos, una piernita que sería inyectada.
Antes de ser mamá...
Yo nunca sentí un nudo en la garganta al mirar a través de unos ojos llorosos y una carita sucia.
No conocía la felicidad total con sólo recibir una mirada.
No pasaba horas mirando la inocencia dormir en una cuna.
Nunca sostuve a un bebé dormido sólo porque no quería alejarlo de mí.
Antes de ser mamá...
Nunca sentí que mi corazón se rompía en un millón de pedazos al no poder calmar el dolor de un niño.
Nunca supe que algo tan pequeño, podía afectar tanto mi mundo.
Nunca supe que podía amar a alguien de ese modo, nunca supe que amaría
como una MADRE.
Antes de ser mamá...
Yo no conocía el sentimiento que provoca tener mi corazón fuera de mi cuerpo.
No sabía que tan especial me sentiría al alimentar a un bebé hambriento.
No sabía de esa cercanía inmensa entre una madre y su hijo.
No sabía que algo tan pequeño podría hacerme sentir tan importante.
Antes de ser mamá...
No imaginaba tanta calidez, tanta dulzura, tanto amor.
No imaginaba lo grande y lo maravilloso que sería,
No imaginaba la satisfacción de ser madre, no sabía que yo era
capaz de sentir tanto...

sábado, noviembre 4

Hispanoargentouruguaya



Los otros días entré al blog de María del Norte y me sorprendió ver unas hermosísimas fotos de su tierra: Salta, en la Argentina. Comenté su post y a raíz de ello me contestó llamándome así: Hispanoargentouruguaya. Y me gustó, me gustó.


Argentina para mi quiere decir muchas cosas:
Patria Madre, amistad inigualable, primer amor, universidad, mates dulces a las cuatro de la mañana porque no había para discotecas ni baretos. Tortas negras bañadas de azúcar moreno. Pizzas a la correntina y tereré con 7-up.Tardes azotándonos al sol la flaca y yo en Banco Pelay mientras mirábamos a los chavales de la pandi darse tortazos contra el río aprendiendo a ser windsurfers profesionales.
Argentina es Malvinas y el susto de que mi primo no terminase la colimba a tiempo, de que lo llamasen estando aún bajo bandera. Piero y su "Para el pueblo lo que es del pueblo". Canciones de protesta y rock argentino de los 80. Allí también existió La Movida, pero más mansa. Sui Géneris, Baglietto, Fito Páez. Pero también Borges y Alfonsina. La negra Sosa y el folklore entrerriano, salteño, tucumano.
Argentina es niñez y ganas de no volver a casa. Es adolescencia y miedo a volver. Es juventud y pánico a volver. Es amor por las raíces indiscutibles. Es extraño, pero ese sentimiento sólo, única y exclusivamente le he tenido en el País Vasco desde donde vienen las otras raíces.
Argentina que me diste todo lo que aquel sur me negaba: LIBERTAD. Tierra querida y nunca olvidada. Me desagarraron la carne el día que me llevaron de vuelta cruzando el río, con el corazón roto. La mitad de mi alma se quedó allí.
El 6 de diciembre una capricho del destino me hará aterrizar en Buenos Aires. La hermosa reina del Plata. Dicen que los puentes están cortados, que no puedo llegar directamente a casa. Qué más me da. Lo viviré como un reencuentro contigo, tierra amada.

ADIOS DE PAPEL



Se levantó al alba. Preparó un té, cogió papel y pluma estilográfica y escribió.




Amor mío:



Gracias por los buenos momentos. Sé que fueron pocos, pero intentaré atesorar esos recuerdos en mi corazón.


Que seas feliz, si puedes. Yo ya no puedo seguir intentando serlo a tu lado. El tiempo, ese gran maestro, me ha enseñado que eso nunca será posible. Tus formas no son las mías, tu manera de amar no es la mía.


He querido engañarme durante todos estos años. No he podido o no he querido abrir los ojos, pero ya no. No puedo permitirme el lujo de seguir sufriendo por amor, por tu amor. Al principio solo eran falta de detalles que luego se fueron transformando en pilas, en montones, en montañas. Dudas, sospechas, intrigas.


Hemos bajado hasta el fondo, ya no hay más abajo. No se puede bajar más en este hueco profundo, oscuro, sombrío. Sentimos el frío en la carne, la humedad calándonos los huesos. Ya no hay nada que esperar. Ya no nos queda nada por lo que luchar. Nada por recuperar.


Intenta encontrar la luz que he encontrado yo, aunque mortecina, escapándome del tedio, de la locura compartida. Dejemos ya de hacernos daño. Solo nos queda el olvido.



Y se fue dejando su adiós de papel sin su nombre siquiera, como para que no quedase constancia escrita de aquel momento para olvidar. Cerró por última vez la puerta.



Caminó lentamente hacia la estación. Con ese paso certero pero lento que da una decisión masticada y digerida. No miró atrás, para qué.



La llegada del tren distrajo sus escasos y vanos pensamientos. Se sentó con las manos sobre su regazo. Pudieron pasar minutos, tal vez horas, qué más da. Ni siquiera osó mirar a través del cristal empañado por su propio aliento, desaliento. Ni el sonoro bamboleo del tren logró sacarle de su letárgico estado. Ya ni siquiera sabía si le dolía el alma o no.



Una mano en su hombro le recordó que había llegado a destino. ¿Qué destino, llegar a dónde? Y una voz interior le contestó: Al comienzo del resto de tu vida.




jueves, noviembre 2

Vientos de cambio




La evolución desde el Rinconcito de Soria hasta el Diario ha sido caótica, imprevisible. Caótica, reflejo fiel de mi vida en el sur; imprevisible, calco de mi vida actual.

Buscarle un nombre no ha sido tarea difícil. No le estuve dando mil vueltas a la cabeza. El primer blog pretendía ser un espejo impersonal del sitio donde vivo, nada más. Pero fue cobrando vida propia. Y como toda vida tuvo sus altos y sus bajos y también sus detractores. Me dio muchas alegrías y una pena muy grande que el tiempo fue curando.
Esa pena me hizo migrar a El Valle Encantado. Desde allí conocí otros universos, otras realidades tan distintas a las mías. Gentes lejanas, pero a la vez tan cercanas. Gente del sur, del norte, del este y del oeste. Gentes de todas las razas, cultos y colores. Gentes amigas, gentes indiferentes, gentes normales, gentes paganas, como tú, como yo. Gentes que luchan por reivindicar su espacio en la vida, su condición o su utopía.
En sus blogs he encontrado sabiduría, pero también ignorancia. Alegrías y profundas tristezas. Esperanzas y desazón. Bondad y rabia visceral. Y otras veces he encontrado solidaridad y también vilezas. Humildad y arrogancia. Variedad, sobre todo variedad que es lo que los hace a todos y cada uno de ellos tan interesantes.

Leyendo estos blogs me subí a un tren en el que se entrecruzan diferentes historias, escuché cuentos narrados por una actriz con manos de mariposa, lloré el desamor y me sublimó el amor de otros. Bailé con una gitana y me desnudé ante una geisha. Paseé de concierto en concierto por la ciudad condal de la mano de un príncipe troyano. Vi la evolución de alguien muy querido por mi desde las sombras hasta su primavera más verde. Acudí a un nacimiento, comencé a evitar la carne en mis comidas. Vi el hundimiento del Titanic y su resurrección de las cenizas como el Ave Fénix. Recordé la desesperación por querer ser madre y no poder. Entré a coger cigarros en una bar que ahora por capricho de la dueña está cerrado. Acudí a una boda entre Argentina y Yankeelandia. Me empecé a meter en la página de la Diaria para comentarlo con alguien que desde el sur me ceba unos mates. También recorrí el norte argentino. La magia me atrapó, ya no hay vuelta atrás.
Luego llegó el momento personal que me pedía a gritos un cambio. El valle encantado ya no era mío, el valle comencé a ser yo misma. Por eso el cambio de nombre. Diario: porque es en lo que esto se ha convertido, en mi diario no-íntimo. Mujer: Porque es como me siento, mujer. Normal: porque gracias a la vida he llegado a serlo: Una mujer normal. Lo que siempre había querido ser y no había podido.

El lavado de cara era un "must". Los retoques fueron hechos por mi hada madrina. Porque en un valle siempre hay un hada y en este diario también está su toque personal.
Estos vientos de cambio me refrescaron el alma y una vez más me encuentro montada en una nueva aventura. Aunque para ser sincera, sigo sin corregir lo que escribo directamente sobre la plantilla. Sepan ustedes disculpar.