
Yo creo que es una cuestión de pensar en positivo y dejar que las cosas fluyan. El evitar pensar que lo que nos va a pasar es malo.
Desde un tiempo a esta parte he decidido no pre-ocuparme por lo que vendrá. Cada momento de la vida tiene ya sus contras como para estar ansiosos por el día de mañana. Y tengo la suerte de vivir con alguien que me ha enseñado a vivir el hoy, el presente, mañana no llegará antes del amancer por más que nos empeñemos. Por eso no creo ni en la buena ni en la mala suerte. Creo en la causa y el efecto.
Todo esto trae a colación, una serie de hechos afortunados que quiero compartir con vosotros. Sacamos los billetes de avión prácticamente en el último momento y contra todo pronóstico, lo conseguimos, a pesar de no ser exactamente las fechas en las que lo habíamos planeado ni en las circunstancias planeadas, pero los billetes están ahí. Ayer, no había ni un solo portátil en todo el enorme edificio del Corte Inglés de San Chinarro al alcance de mi bolsillo que valiera la pena. Pero una buena señora que había reservado uno, llamó justo en el momento que yo ya me iba bendiciendo la el bien de la situación y pensando que por algo no habría más en stock, que ya saldría otra oportunidad de chollo en otro sitio. En resumidas cuentas, estoy escribiendo este post en mi nuevo portátil. Y para coronar el pastel, hoy Hacienda me envía un cheque de devolución, por el importe del portátil!
Esta mañana abro por casualidad una carta dirigida a mi marido en la que decía debía estar a las 10 de la mañana en un sitio, por asuntos de su incumbencia. El no estaba en casa, pero logró llevar a su cita a tiempo.
¿Buena racha? ¿Buenos días? ¿Mi estrella de la suerte brilla sobre mi? No lo se ni quiero darle más vueltas al asunto. Y si a todo esto le sumo todas mi bendiciones, las cotidianas, las del alma, debo reconocerme como una persona afortunada.
Ahora cuéntame tú tu día de buena suerte.
















