
El 7 de mayo haces ya tu primera comunión y a mi los años se me han pasado volando. Aún pienso en ti como el el bebote de mejillas rojas y dos dientes, los que ya has entregado a tu Ratón Pérez. Han sido y son tantas las alegrías que nos has regalado cada día. Son tantas las vivencias juntos, los viajes, los juegos interminables al atardecer, los mimos y las caricias que ya solo te salen en casa y cuando el cansancio te va venciendo de tantas aventuras diarias. Que nunca son desventuras porque estás feliz, se te ve radiante ante tanto preparativo.
Has elegido el traje que menos me gusta, pero es tu día y tu elección. Has elegido recordatorios, invitaciones y hasta la tarta para tu día.
Cuentas los días, lo se, te lo adivino en la mirada. No paras de hablar de lo que vas a hacer con tus primos, dónde pondrás la tele que te regalará tu padrino y de cómo evitarás mancharte el traje hasta llegar al banquete.
Los días, que para mi pasan volando, para ti pasan lento. "Qué cansino se hace esperar", me has dicho hace unos días.
No corras, no tengas prisa, que vas creciendo tanto y sin pausa que me cuesta asimilarlo a veces. Tus respuestas y preguntas me dejan boquiabierta la mayoría de las veces y me hacen caer en la cuenta de que el bebote de mejillas rojas y dos dientes ya solo existe en el baúl de mis recuerdos. Mis recuerdos más preciados.
Estoy tan orgullosa de tí y te quiero tanto que adolezco de palabras para poder expresar lo que siente mi corazón y mi alma.
No cambies nunca, amor mío. Aunque si lo hicieras no pasaría nada porque, como siempre te digo y te diré, yo te quiero y te querré siempre: si te portas bien, como si te portas mal, estés feliz o estés triste, seas cariñoso o estés enfadado. SIEMPRE