Empezar este post se me hace complicado porque son demasiadas cosas las que quisiera abordar. Al no saber a ciencia cierta por dónde debería empezar para no hacerlo demasiado pesado, se me ocurre que iré enumerando a medida que las ideas me vayan surgiendo así que disculpad si suena pesado o queda demasiado largo y aburrido.
Ya sabéis que lo mío es escribir por escribir, contar-contarme para luego recordar algún día mis verdaderos sentimientos en momentos dados. Solemos adornar lo que sentimos en el pasado, venerar a los que ya no están y perdonarles casi todo, o ser implacables con los que están aún, etc. Este diario será fiel testimonio de los hechos, a calzón quitado.
Sin duda, y contra todo pronóstico, éstas han sido las mejores navidades que recuerdo desde que mis abuelos se fueron. Navidad tipo casa-repleta-de-gente que si bien no aporta nada, al menos este año aportó diversión y alegría (casi nada). Demás está decir que me refiero a familia política… Nochevieja en donde Sirena de la Luna: confesiones, diversión, ternura y carretilladas de amor fraternal. Reyes con los mejores amigos que he tenido aquí en España, juegos de mesa, carcajadas a montones y ese compartirlo todo; partidas de Trivial, Monopoly y Scrabble que casi acaban en batalla de cojines entre risas y aplausos. Unas Navidades para recordar a pesar de que el Año Nuevo me sorprendiera con la negativa de un aumento de sueldo y la vergüenza de haberme sido negada esa posibilidad más aún siendo la primera vez en mi vida que hago algo semejante.
Comienzo hoy el año buscando nuevas experiencias: mis New Year Resolutions duermen en algún archivo de Word que me niego a volver a abrir porque se que no las cumpliré y no tengo tiempo para perder el tiempo: me espera la vida, el vivir cada instante como si fuera el último, reír, crecer, soñar, amar, VIVIR. ¿Mis miedos? Aparcados de momento hasta que decida borrarlos de un plumazo. Acabo de inscribirme en un curso de Traducción Online que me sale una pasta pero que me debo. No suelo ya invertir tanto como antes en mi formación profesional porque mis prioridades han cambiado, pero necesito volver a esa parte de mí que me llama a grito pelado. Dar este paso es algo así como darme a mi misma una oportunidad de volver a creer en esa Bettina que lo da todo en su trabajo, que se siente segura de si misma. Cuesta, pero estoy en ello.
Y también estoy por la labor de crecer como persona, además de mamá y mujer de. Cuento con el apoyo de mi dictador favorito y del mío propio que ya es decir. Tengo sueños, esperanzas, tengo fe. Me tengo fe.
Ayer acabé de leer por fin el libro autobiográfico de Sydney Sheldon que me traía a vueltas desde hace meses. Y al finalizar, como siempre hago con cualquier libro, retomé lo que sabía me quería quedar de ese libro y apropiármelo. Esto es lo que rescato de este libro que me recuerda una vez más que no siempre es bueno ganar, sino que perder nos fortalece si decidimos que deseamos aprender de los errores y fracasos:
“No sabes que lo puede ocurrir mañana. La vida es como una novela, ¿no? Está llena de suspense. No tienes idea de lo que va a ocurrir hasta que das vuelta la página. Cada día es una página diferente y éstas pueden estar llenas de sorpresas. Nunca sabrás lo que sigue hasta que des vuelta la página.”
Y en eso estoy: dando vuelta la página.