Disfruta del camino.
Chapotea en los baches, nada en el lago, deja que la lluvia te moje. Salpica a
los transeúntes. Mientras tanto, ama, ríe, llora como un cocodrilo o con llanto
quedo, maldice o disfruta. Come, saborea, paladea lo que algún día no podrás
saborear. Sonríe hoy que quizás mañana no tengas dientes. Rízate el pelo, haz
que la espera se haga interesante. Píntate el ojo, que la vida no te pille desalineada.
Juega con tus hijos, con tus sobrinos o con los niños de la casa de al lado, o
con tus alumnos. Juega. Invéntate historias y vívelas como si ya existieran.
Resiste a la tentación de quejarte. Agradece lo que vives, lo que tienes,
agradece que estás sano, agradece que estás vivo. Contempla la belleza a tu
alrededor. Vive. Sueña. Vibra. Enfádate un rato si es necesario. Usa la terapia
del cojín matándolo a puñetazos. Recoge tus piezas y vuelve a
armarte como un puzzle. No lo pienses, házlo. Que la vida es bella, aún con sus
sinsabores. No dejes de luchar contra tus miedos mientras esperas. Brilla ante
lo gris, lo aburrido, lo opaco de la vida. Y espera tranquila que lo que tenga
que ser, será.
martes, diciembre 16
lunes, diciembre 8
Hay que soñar
¿Cómo se puede vivir sin
sueños? ¿Cómo es posible? Sin sueños se puede vivir un rato, unos días de esos
en que uno anda como alelado, pero, ¿todo el tiempo? No. Imposible.
Uno se puede despistar,
perderse por los andurriales de la
mente, pero un sueño es lo que hace la vida interesante. Si no, ¿para
qué vivir?
Vivir sin sueños es
vegetar, es ningunearse, es perderse el respeto como ser humano. Es caer en la
monotonía implacable del no-ser, del existir, del transcurrir.
lunes, diciembre 1
Sueños
¿Adónde van los sueños
incumplidos? ¿Qué es de ellos? Esos que el tiempo hizo añicos. Esos que se
desvanecieron. Los que construimos de estrellas fugaces, de lucecitas doradas,
los que surgieron de la nada, sin buscarlos. ¿Han vuelto de donde salieron, de
la nada? De la nada al todo. Esos sueños que llenaron nuestra vida, nos
empalagaron, nos revolcaron en la felicidad, en lo ilusorio, que no en lo
onírico, porque aparecían estando tan despiertos que no era necesario
pellizcarnos. ¿Dónde están? ¿En qué espacio paralelo a esta realidad?
A veces uno necesita
sueños para poder creer que algo mejor aún es posible. A veces, la dosis de
realidad es tan grande, que ya no se encuentran sueños, que ya no se espera
nada. Que unos implemente viaja con lo puesto a expensas del tiempo, o de Dios,
o del destino, vete tú a saber. Viaja, camina, anda, si, pero ya sin sueños.
martes, noviembre 25
Inevitable
No se puede forzar. Es o
no es. Y si es, no hay dónde refugiarse. Si es, no lo borra ni un borrón y
cuenta nueva. No lo borra el hastío, ni el tiempo inexorable, nada.
Se siente en el alma, en
la piel, en las entrañas. Carcome los huesos, cae con las lágrimas, se derrite
en una mirada, en una sonrisa. Se expresa con palabras nunca dichas, jamás
pronunciadas. Pero está ahí, latente aunque no abrase, como el alma.
Aparecen puentes
invisibles, hilos que conectan, magia que envuelve, poesía que rima como cantos
de sirena. Es intransferible, soberbio, sublime, majestuoso, regio.
No se crea, no se inventa,
no se construye. Imposible de construir. Solo es o no es. Y cuando es, no hay más
dónde esconderse. Inevitable, como las olas de cualquier playa caribeña.
viernes, noviembre 21
¿Qué es peor que un dolor de muelas?
Peor es el dolor del
corazón, peor es haberte sentido solo en medio de un ciudad, peor es querer
decir y callar.
Peor que un dolor de
muelas es querer y no poder, que las lágrimas se congelen antes de llegar al
lagrimal.
Peor que un dolor de
muelas es que las palabras no dichas hinchen el alma de impotencia, o los
abrazos no dados, o los te quiero guardados tanto tiempo, que se hizo demasiado
tarde.
Por todo eso, lo vivido,
por suerte, ya tan lejano, se queda uno mil veces con este dolor de muelas que
se pasará, según el dentista, en uno o dos días, cuando todo se asiente y
regresará la calma. Porque todo pasa, hasta el dolor del corazón, la soledad
acompañado. Todo, menos los te quiero guardados tanto tiempo que se hizo
demasiado tarde.
Etiquetas:
Confesiones de una mujer normal,
Cotidianeidades
lunes, noviembre 17
Algo
Si nada se termina y todo
se transforma, ¿dónde estás fumándote un cigarrillo? Si te dieras cuenta que
necesito que me acompañes, que me digas por dónde sigo. Una charla aunque sea
en sueños, unos mates. No sé, elegí vos el sitio, el momento, el cómo. Me hacés
falta hoy, viejo.
Me hace falta la frase
célebre del día, un consejo, una guía, un descubrimiento. Un cuento de cuando
eras chico. Una esperanza, un abrazo o una buena bofetada, algo. Necesito saber
que estás por aquí, en algún lado, viéndome vivir, acompañando mi camino.
Por qué no me explicás
por qué uno de joven es tan necio, tan poco tolerante, tan poco comprensivo.
Decime algo, no te
prometo nada a cambio, nunca fui buena cumpliéndome promesas ni a mí misma. Un
mensaje, unas líneas, una canción, una palabra. Decime algo que hoy es lunes, y
aunque esté sentada al lado de la chimenea, tengo frío.
miércoles, noviembre 12
Sin aviso previo
A uno deberían avisarle
cuando va a crecer. No está bien esto de amanecer un día, así de golpe y sentir
que los años que pone el DNI son los que son. Qué injusticia más grande darse
cuenta que habrá ropa que ya nunca te pondrás sin verte ridícula, que la arruga
esa, justo entre las cejas, de pronto se volvió una zanja que ni toneladas de
cremas de Lancôme o de L'Oreal podrán ya nunca rellenar.
El tiempo podría ir
avisando poco a poco. Pero este despertar así, de golpe a la madurez no hay
quien lo aguante. Se siente tan mal como la sensación de bofetada cuando algún
chaval te llama de usted y a ti te dan
ganas de decirle, "usted? usted? por qué no te vas un ratito por donde has
venido?" Y soltarle un guantazo, claro, por impertinente y por joven que
no tiene la zanja en el entrecejo o lleva la misma minifalda que a ti te
sentaba tan bien hasta hace tan poco.
Uno no debería enterarse
así de esta manera que para los veinteañeros ya eres muy mayor solo porque
resulta, dicen, que das buenos consejos. Entonces, claro, te empiezas a mirar
con detenimiento y las arrugas de las manos no mienten, ni el flotador de
alrededor de la cintura. Pero eso no es ni de cerca lo peor. Lo peor es darse cuenta que ya no tienes ni la energía, ni las
ganas ni la fuerza. Que en algún lugar se te perdió algo, la chispa, la
necesidad de lo nuevo, de conocer, de visitar, de experimentar. Lo peor es el
acomodo, la comodidad, la tranquilidad, la mansedumbre, la parsimonia. Lo peor
de todo es haberte perdido, de repente, sin saber cómo ni dónde. Lo peor es que
sabes que eres ya imposible de encontrar.
domingo, noviembre 9
Hoy
Cómo cambia la vida. Lo que antes fue hermoso, en el momento lo vivimos como normal. Con el tiempo se transformó en recuerdo. ¿Quién te dice que que lo que estás viviendo hoy no se hermoso también pero no te das cuenta?
Paremos un momento, miremos con detenimiento. Abracemos más, besemos más, digamos más te quiero y te echo de menos. Sintamos más, enfadémonos menos, Disfrutemos más. Que de eso se trata la vida, como decía Borges: de momentos.
Paremos un momento, miremos con detenimiento. Abracemos más, besemos más, digamos más te quiero y te echo de menos. Sintamos más, enfadémonos menos, Disfrutemos más. Que de eso se trata la vida, como decía Borges: de momentos.
domingo, noviembre 2
Desde cuándo
Las campanas tocan a
misa. Busco ideas. Necesito algo hermoso
que me saque del letargo que elijo. Sí, porque este tipo de letargos se eligen.
No llega el letargo y te golpea la puerta. Está en ti. Tanto como la
posibilidad de levantar el culo y ponerte en movimiento. Siempre hay tantas
cosas que hacer. Pero no hay ganas. Lo que no hay son ganas.
De hecho, siempre hay una
excusa. No hace sol para sentarte en una terraza, hace mucho viento para salir
a andar en bici, es pronto para salir a caminar, es tarde para hacer una
boloñesa, no tengo pasta para irme de vacaciones.
Sin embargo en otras
épocas eso no importaba. Antes, la lluvia no era excusa para montar en
bicicleta ni el dinero para no poder irte de vacaciones. Antes te reías como
loco bajo la lluvia y la ropa pegada al cuerpo, salpicándote de barro. Antes
cogías la mochila, cuatro trapos y te ibas a donde fuera. Y los veranos se
convertían en vacaciones eternas.
Ya no. Ahora resulta que el
agua moja, que no se puede ir de vacaciones sin el hotel reservado, y que la
luz del sol en la cara molesta.
Vuelven a tocar las
campanas a misa. Sigo buscando ideas. Pero me doy cuenta de que para que las
ideas que busco surjan, yo debería volver al principio, volver a ser yo.
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