Nos complicamos, sufrimos, nos rasgamos las vestiduras, le damos miles de vueltas. Nos cansamos, bajamos los brazos. Nos sentimos derrotados.
Luego, lo elaboramos, pasa "casi" a ser historia. Y en cuanto nos descuidamos, todo encaja de tal manera que aquello que queríamos está a tiro de piedra, al alcance de la mano. Y nos preguntamos cómo pudimos ser tan ...tontos... una vez más. ¿Será posible?, dice mi madre. ¡Y qué razón tiene!