miércoles, septiembre 24

Las Etapas

Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida

Si insistes en permanecer en ella, más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y el sentido

del resto

Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos. Como quieras llamarlo, lo

importante es poder cerrarlos, dejar ir momentos de la vida que se van clausurando.

¿Terminó con su trabajo?, ¿Se acabó la relación?, ¿Ya no vive más en esa casa?, ¿Debe irse de viaje?, ¿La amistad se acabó?

Puede pasarse mucho tiempo de su presente "revolcándose" en los porqués, en devolver el

casette y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho.

El desgaste sería infinito porque en la vida, usted, yo, su amigo, sus hijos, sus hermanas,

todos y todas, estamos abocados a ir cerrando capítulos, a pasar la hoja, a terminar con

etapas o con momentos de la vida y seguir adelante.

No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué.

Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltar, hay que desprenderse.

No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas

inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros.

No. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Por eso a veces es tan importante

destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, documentos por tirar, libros por

vender o regalar. Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación.

Dejar ir, soltar, desprenderse.

En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay

que dejar ir, hay que pasar la hoja, hay que vivir con sólo lo que tenemos en el presente!

El pasado ya pasó.

No espere que le devuelvan, no espere que le reconozcan, no espere que alguna vez

se den cuenta de quién es usted.

Suelte el resentimiento, el prender "su televisor personal" para darle y darle al asunto, lo único

que consigue es dañarlo mentalmente, envenenarlo, amargarlo.

La vida está para adelante, nunca para atrás. Porque si usted anda por la vida dejando

"puertas abiertas", por si acaso, nunca podrá desprenderse ni vivir lo de hoy con satisfacción.

Noviazgos o amistades que no clausuran, posibilidades de "regresar" (a qué?), necesidad

de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que lo invadieron

¡Si puede enfrentarlos ya y ahora, hágalo!, si no, déjelo ir, cierre capítulos. Dígase a usted

mismo que no, que no vuelve.

Pero no por orgullo ni soberbia, sino porque usted ya no encaja allí, en ese lugar,

en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en ese escritorio, en ese oficio. Usted ya no

es el mismo que se fue, hace dos días, hace tres meses, hace un año, por lo tanto, no hay

nada a que volver.

Cierre la puerta, pase la hoja, cierre el círculo. Ni usted será el mismo, ni el entorno al

que regresa será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático.

Es salud mental, amor por usted mismo desprender lo que ya no está en su vida.

Recuerde que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo,

nada es vital para vivir porque: cuando usted vino a este mundo 'llegó' sin ese adhesivo,

por lo tanto es "costumbre" vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir

sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy le duele dejar ir.

Es un proceso de aprender a desprenderse y humanamente se puede lograr porque, le

repito, !nada ni nadie nos es indispensable! Sólo es costumbre, apego, necesidad.

Pero .... cierre, clausure, limpie, tire, oxigene, despréndase, sacuda, suelte. Hay tantas

palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escoja, le

ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad.

¡Esa es la vida!

Paulo Coelho.

sábado, septiembre 20

Parafraseando

Muchas veces escrutamos los comentarios en blogs de otros, otras sobrevolamos sobre ellos ávidos de –sencillamente- dar una opinión, la nuestra, mientras o bien vemos nuestro ego crecer o nos hundimos en la miseria por haber escrito semejante gilipollez. En otras ocasiones, el leer un comentario nos lleva al blog de su autor. Este es el caso que me sucedió hace unas mañanas al leer un comentario de Bosé, en la Sirena. No desvelaba nada nuevo, como tampoco lo hacía el mío, pero por alguna extraña causa, y a pesar de haber leído sus comentarios en reiteradas ocasiones, algo me impulsó como un resorte libre de herrumbre a deslizar el puntero sobre su link por primera vez. Me sorprendió, me gustó su blog, pero lo que más me llamó la atención fue su manera de acabar cada post, con una pregunta que lejos de ser retórica incita a responder. De ahí lo que sigue a continuación, una selección de esas preguntas con mis respuestas. Esto no intenta ser un meme ni mucho menos. Solo me ha parecido divertido a la vez que interesante.



1- Y tú, ¿qué tienes dentro del corazón?


Tengo un solcito rubio que me inspira el amor más grande que puede llegar a sentir una mujer. Tengo a un arévaco de pura cepa que me aguanta y me acompaña en el andar. Tengo una esperanza muy grande. Tengo remordimientos y un poco de desamor. Pero tengo también un sitio muy importante reservado exclusivamente para los amigos que dejé allá lejos y a los que siento tan cercanos; y otro para los nuevos que están cerca a veces.



2- Y tú, ¿qué necesitas para ser feliz?


Necesito amor, compañía, este aire puro que entra por mi ventana y se cuela sin permiso ni licencia en mi alma. Necesito su abrazo silente y calido en horas bajas. Las caricias inmaculadas de mi principito de ojos color cielo y su risa cantarina, indiscutiblemente, siempre. Necesito amigos cercanos aunque estén lejos. Necesito saberle en mi tanto como he descubierto se me en él.



3- Y tú, ¿hasta dónde piensas volar?


Hasta reencontrarme alguna vez con la risa porque si, a la risa que yace guardada en un cajón olvidado bajo el polvo de muchos meses. Demasiados, ya.



4- Y tú, ¿serias capaz de matar?


Si, de hecho he cometido el peor crimen que se puede cometer.



5- Y tú, ¿cómo quedas después de días sin dormir?


No tengo ni idea, jamás he pasado días sin dormir. Ni me lo puedo llegar a imaginar.



6- ¿Cuánto vale tu sonrisa?


Una pasta, un fangote. Mi sonrisa vale tanto que no existe ni existió rey que pueda siquiera llegar a poseer fortuna semejante. Mi sonrisa es escasa y por tanto muy valiosa.



7- Y tú, ¿de qué te escondes?


De la gente, de mi misma a veces.



8-Y tú, ¿estás preparado para encarar a la muerte? ¿Estas preparado para verla con tus familiares?


Siempre he pensado que si, he creído que nunca le temería sino que le abriría los brazos. Esto hasta que nació mi hijo. Y definitivamente no estoy preparada para ver a mis seres queridos partir.



9- Y tú, ¿Qué haces para sobrevivir junto a los otros?


Muchas veces huir.



10- Y tú, ¿qué sientes por la tierra madre/ la Madre Patria?


Por España siento un profundo agradecimiento que no merma sino que crece con las años..




Gracias Bosé por permitirme usar tus preguntas. http://simplementebose.blogspot.com/

miércoles, septiembre 17

A mi valle

Un desgarrante voz interior me pedía a gritos recorrer tu geografía de cabo a rabo, oler el perfume inconfundible de tus montes, sombrearme bajo tus encinas centenarias, hacerte mío. Confundirme entre tus estepares, ver arquitectónicas joyas califales en lontananza.

Partí hacia ti en sueños nada más despuntar el alba, y casi sin darme cuenta, sueño y realidad se confundieron en un abrazo ancestral, mágico, imperturbable. Anduve tus senderos gloriosamente empapados de rocío, caracoleé entre sabinas bajo la atenta mirada de los buitres leonados que danzaban plácidamente a la espera de una posible presa bajo un azul diáfano.

El olor a tomillo y a romero se mezclaba con la humedad matinal, con mis ganas de asirte entero, de saborearte palmo a palmo, de untarme con tu verde. Mojé mis manos, mi cara en el sonoro canturrear del delgado hilo de agua que los nativos de tus entrañas se empeñan en llamar río y mi alma se despejó de fantasmas. Entonces me sentí tan viva y te sentí tan cercano…

lunes, septiembre 15

Dejando que la vida fluya.

Hace un año comenzó un ciclo que no pedí. Estoy intentando cerrar ese ciclo, ya queda poco, solo algún detalle que espero solucionar a la brevedad.
A veces la vida nos sacude y nos deja impávidos, sin rumbo, sin saber hacia dónde seguir, hacia dónde mirar o cómo recomenzar. Eso ha sido lo que ha pasado de alguna manera. Siempre he sabido lo que quería, he tenido claro el destino a alcanzar. Esta vez no. El destino me ha sacudido durante tanto tiempo que me he quedado sin defensas, sin armas y si bien hay algo que tengo muy claro: mantener a como de lugar esta familia que se dio de tres, no de cuatro, con el resto me siento absolutamente perdida.
Pero a pesar de que pueda sonar desesperada, no lo estoy. Todo lo contrario, estoy en un impás, en un punto en el que me dejo llevar, esperando a que el universo conspire esta vez a su antojo. Me he pasado todo este último año intentando doblar, girar hacia otro lado, quebrantando las leyes naturales. Ya no más. Creo que cuando viene de hostias hay que dejarse llevar, arrastrar y dejar de luchar contracorriente, desentrañando, desenmascarando, buscando una verdad que jamás se va a encontrar, porque la verdad tiene muchas caras. Es totalmente contraproducente, es en vano buscar el tesoro detrás del arco iris. Cuando ocurren estos cambios inesperados es porque estamos sufriendo un período de reestructuración necesario para que cosas, eventos más positivos ocurran. "Para que el árbol crezca, ha de sufrir la poda", decía mi amigo centenario a quien me refería en el post anterior.
Y eso es lo que ha ocurrido, la vida me ha podado. Pero sin embargo, esta tarde, mientras recorríamos mi valle y sus alrededores o nos comíamos esa deliciosa ración de lomo embuchado con pan de hogaza con mis dos hombres en un rincón perdido al otro lado de la Sierra Pela, en un pueblo de Guadalajara, me di cuenta de que hacía dos años que no me daba lujo semejante. Que huía hacia el norte, hacia el sur, hacia la muchedumbre, pero no me daba un respiro para disfrutar del sitio que tanto amo y me ha elegido así como yo a él. Respiré profundo, invadí mis pulmones de mis olores añorados y cerré los ojos. Es menester, ahora mismo, dejarse fluir, y dejar que la vida siga su curso, pero cogida de una manita regordeta y de una mano firme, tosca, agrietada, pero mías. No soy tremendamente feliz, como supe serlo; tampoco estoy triste. Tampoco expectante. Solo se que se siente a gusto dejándose por primera vez en cuarenta años, llevar por la corriente sin pner resistencia alguna.
Nota: No estoy leyendo ni escribiendo por este motivo. DE hecho no me había conectado hasta hoy. Solo que al leer vuestros comentarios en el post anterior me dieron ganas de subir este post que escribo sin releer ni poner ni quitar ni un punto ni una coma, para que también este blog fluya como yo.

miércoles, septiembre 10

No es un adíós, sino un hasta la próxima

“Amor hay uno solo, los demás son amortiguadores”

Eso solías decirme, y también recuerdo oírte decirme hasta la saciedad, “es todo tan fácil, Bettina, pero tan fácil…”

Hasta cuando nos volvamos a ver, alma joven que habitaba en cuerpo casi centenario. Te quiero.

miércoles, septiembre 3

La vuelta a casa



No se siquiera si tengo o no ganas de retomar. No han sido estas las mejores vacaciones de mi vida, tampoco las peores. Salir, arrancar, levar anclas se me hizo pesado, mal presagio desde el vamos. No es ese el espíritu que me ha caracterizado siempre al salir de vacaciones.


Recogí al cohete rubio en Zaragoza, donde estaba con sus primas desde hacía una semana y enfilamos rumbo a la casita blanca de Arantxa, como él la llama. Playa, sol y mar, castillos de arena, mercadillo y cabezudos en Hondarribia, y patines cerca del Parador. Le había prometido que estas serían sus vacaciones, dedicadas a él. Y cumplí a rajatabla, excepto por el museo de las brujas de Zugarramurdi donde descubrí que una de las “brujas” llevadas al Tribunal de Logroño por la Inquisición se llamaba igual que mi abuela Juana y que se apellidaba como su madre, Telletxea. Lo de bruja me viene de sangre, parece. El pasó factura y fue ese el día que peor se ha portado en casi toda su vida.


Me daba miedo coger el coche, me daba miedo entrar en Francia, pero una vez en la campiña vasco-francesa la sensación desapareció. La carretera Zugarramurdi- Etxalar (donde la vida se empeña en llevarme inevitablemente) fue una experiencia inigualable. Euskadi en vena, verdes que se clavaron en mis pupilas y recorrieron mi sangre invadiéndome sin permiso, recordándome lo que siempre he sentido en esas tierras. Las cuevas de Zugarramurdi, en el Pirineo Occidental de Navarra con su puente del Infierno, sus colores y su humedad me transportaron a tiempos lejanos, tiempos de aquelarres y de incomprensión, tiempos de Inquisición. Pasé por Etxalar casi de puntillas para no despertar fantasmas que me atrapan, que me incitan a seguir buscando algo que no se de qué va.


Donosti desplegó el encanto del tiovivo nada más llegar y mientras yo estornudaba el polvo del camino, Martín me saludaba desde diferentes caballitos y demás muñecos durante doce interminables vueltas. Por la tarde llovía así que nos refugiamos en el cine. Wall-e, una peli en teoría para niños, aburrida, sosa, y difícil de entender en su conjunto para los críos.


Orio, la villa más señorial de Gipuzkoa, nos sorprendió con un trozo del camino de Santiago de la costa. Me sentí extraña mientras subíamos los casi dos kilómetros hacia la ermita de San Martín de Tours, pero gocé de cada pasa bajo el sol abrasador. Y mi niño me regaló estas perlas difíciles de olvidar:


- “Se ve marrón, pero en verdad es rojo. Como todas las cosas, que se pueden ver de una forma, pero en realidad son de otra.”


- “¿Ves como a veces vale la pena esperar?”



La ferrería- molino de Agorregi en el Pagoeta, cerca de Aia, nos embelezó a ambos.


Caprichosamente, nos quedamos un día más de lo previsto. La Oarsoaldea se había guardado un as en la manga: las minas de Arditurri, cerca de Oiartzun. Luego vimos el museo de la Música y el Centro de Geología de Luberri, donde el cohete rubio aceptó con humildad un fósil que pasará a engrosar la cantidad de ellos que yacen en nuestra cochera esperando clasificación.


Aquí se cierra este misterioso, extraño viaje a Euskal Herria. Un viaje que cumple con el cierre de un ciclo, un viaje que remata, que acaba con un año que ha dado demasiado de si. La vuelta fue casi deseada y por primera vez en tantos años, agradecí volver a Castilla. El maletero guardaba los restos de los castillos de arena y la verdura fresca, recién cortada del huerto de Endara. Mi corazón, ese eterno agradecimiento a Arantxa y a su madre por su hospitalidad y su amistad. Y mi alma ahora llora un poco por no haber podido disfrutar tanto como otras veces de ese verdor que sentía yo tan mío. Un sabor amargo danza en mi boca por no poder describir sensaciones que otrora os describí junto a la necesidad de saber de qué va tanto misterio que me envuelve últimamente. Si desaparezco un poco no es de extrañar, quizá me desvanezca en el ciberespacio o quizá me reestructure y vuelva a ser. Todo se andará.