martes, febrero 27

Quince minutos de caos organizado.



Danzan con bandejas, copas de sorbetes de limón, chillando porque el solomillo de la mesa 2 no está en su punto. Traseros parados, duros, risueños. Traseros de veinte años. El caos se me antojó divertido.


-“¡Pásame la mixta de la 5, c…. ¡Que llevan horas esperando!”


-“Que ya la ha pasado J, que no te enteras, chaval!”


-“Pero, ¿por qué c… sirve mis mesas?


-“A mi no me cuentes nada. ¡Díselo a él!”


Bandejas que suenan sobre la encimera, gritos a todo pulmón. Mesas que se retrasan, el cocinero que resbala sobre un chorrete de helado en el suelo que quien debía limpiar no lo hizo. Locura generalizada. Yo riéndome disimuladamente, esperando que no se notase.


-“Y tú de qué c… te ríes?, increpa el cocinero.


-“Nada, nada…”


-“¿Y ésta por qué c… está aquí? ¿No deberías estar en la oficina?”


-“Me han pedido que eche una mano con las facturas, hombre, no te pongas así…”


-“¡Venga esa ensalada de jamón de pato, ya!”


-“¡Que ya la tienes, me c… en D…! ¡Qué os pasa que estáis tan histéricos hoy!”


Cinco minutos más entre tanto ruido, y lo que es peor entre tanto lenguaje castizo y protocolo, me sabían a demasiado. Giré en redondo con la excusa de ir al baño y desaparecí por lo laberínticos pasadizos del local que me llevaban al remanso de mi cubículo soleado.


lunes, febrero 26

Cambia, todo cambia


"Todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira;
cambian la mar y el monte y el ojo que los mira."

Antonio Machado.-
A orillas del Duero.-

Cuando tenía catorce años soñaba con irme de casa, usar tacones, maquillarme y usar minifaldas cortas. Soñaba con un príncipe rubio en motocicleta de las grandes que me rescatara del tedio. Soñaba con vivir en una casa sin jardín pero con muchas escaleras. Con hijos siendo yo muy joven. Con dar clases de inglés y llevar maletín al trabajo. Soñaba con vivir en un lugar tranquilo, con viajar, con conocer mucha gente.

Con casi 39 años ya no quiero irme de mi casa. Deseo llegar a casa para quitarme los tacones y el maquillaje. Mi príncipe moreno me rescata desde hace más de seis años día a día, todo el tiempo. Riego las plantas del jardín que casi nunca florecen porque carezco de mano verde y maldigo el haber deseado tantas escaleras cuando tengo que limpiarlas. Fui madre a los 34, justo después de hartarme de dar clases de inglés y cargar mi maletín primero andando, luego en bici, en moto y finalmente en coche. Disfruto de mi lugar tranquilo, apacible. Viajo cuando la cartilla y Hacienda me lo permiten. Y no hay fin de semana que no conozca gente de todos lados, de todos los estilos.

La realidad plasmó con los años muchos de mis deseos. Eso si, ha habido que esperar muchos años, mucho tiempo, amores que quedaron en el olvido y otros que aún recuerdo. Ha pasado mucha gente por mi vida; algunos aún están, otros no tanto y otros de los que ni siquiera me acuerdo. Mucha agua corrió debajo del puente, agua a veces muy turbia y turbulenta; pocas veces mansa, otras cristalinas. Ha habido de todo, como en botica.

Cuando tenía 14 años soñaba, hoy vivo esos sueños que tanto conllevaron. Quería otras cosas también que hoy no me llenarían. He cambiado, me han hecho cambiar. Algunas veces me he resistido al cambio; otras me he rendido a él y la mayoría de las veces lo he buscado.

Mi forma de ver la vida y el valor que doy a las cosas y a las personas, han cambiado. Mi color de pelo para ocultar las primeras canas, mi cara con gafas y mi nariz con jorobita han cambiado. Ya no remonto en ataques sin sentido contra todo aquel que discrepare con mi punto de vista. Escucho más, comprendo más, hasta soy, quizás, mejor persona. Me permito ser feliz con cosas simples: un té escuchando mi silencio, un café o unos mates compartidos, una charla al teléfono, mi tiempo blogueando, la sonrisa de mi hijo, un partido de pelota en la calle de mi casa, deleitarme con los cambios en el valle.

He cambiado, como todo en esta vida, yo también he cambiado.



domingo, febrero 25

Galeano

No creo que haya nada más que agregar de mi parte. El escritor uruguayo lo dice todo.


LOS NADIES

SUEÑAN las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en llovisnita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la
vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesania.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la
prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.


EDUARDO GALEANO
"El Libro de los Abrazos" (1989)
(c) Siglo Veintiuno Editores.

jueves, febrero 22

La zorra y las uvas



Hace ya muchos años, un día estaba yo quejándome de una profesora de matemáticas que me había puesto un suspenso. Mi padre me escuchó y sin mediar palabras abrió un viejo libro y me leyó esta fábula de Esopo, el gran fabulista griego:

LA ZORRA Y LAS UVAS

Estaba una zorra con mucha hambre, y al ver colgando de una parra unos deliciosos racimos de uvas, quiso atraparlos con su boca.
Mas no pudiendo alcanzarlos, se alejó diciéndose:
-- ¡ Ni me agradan, están tan verdes... !


Moraleja:
Nunca traslades la culpa a los demás de lo que no eres capaz de alcanzar.

miércoles, febrero 21

De carnavales


Después de tres días sin tocar el ordenador, llegó la visita obligada a las tierras aragonesas, compras varias, café con Vade Retro, mimos y carantoñas a mi principito y otras yerbas. El martes tocaba carnaval en el cole estilo cita ineludible.
Debía estar a las 3 y media a preparar bocadillos ya que este año, sin poder poner objeción alguna, nos tocó estar en el AMPA (Asociación de Madres y Padres de Alumnos). Aunque no se por qué digo, nos tocó, ya que el padre de la criatura siempre está ocupadísimo los días de reunión, más aún si hay que ir a preparar bocadillos para 120 críos. En fin...
Mi niño iba disfrazado de tigre. Aunque el disfraz de 7 eurazos comprado en el Sabeco, se parecía más a un leopardo que a un tigre, mi bombón estaba encantado con él. Pintura para la cara, combinaciones imposibles que nunca llegan a quedar ni por asomo parecidas a la de la foto que viene con la caja de pinturas.
Una llovizna impertinente regaba las calles del pueblo y empapaba a madres con cara de "qué diablos estamos haciendo aquí" y niños encantados de mojarse a placer con tal de lucir sus trajes de carnaval. 7 º C que calaban los huesos y la banda de dulzaineros que colmaban de música la plaza.
Cinco y media de la tarde: comienza el desfiles de los audaces que íbamos por las calles hasta la residencia de ancianos que según decían, estaban esperando la algarabía juvenil. Debo decir que sus rostros más bien mostraban un gesto tipo "cuándo se van, ya no aguanto más este barullo". De allí hacia el colegio donde se les serviría un bocadillo y un zumo seguido de una bolsa de chuches. Restos de los cuales se desparramarían por el suelo para que las madres, si, digo las madres ya que ningún especimen del sexo opuesto se dignó a poner un pie en el sitio, barrieran.
Hasta ahí todo relativamente bien. El tema comienza cuando mi hijo del alma, escucha que a las 8 hay una competencia de disfraces. Y yo que no tengo alma para decirle a un niño de 4 años que nos quedan aún 30 km por una carretera estrecha y conducir de noche siendo yo miope y encima lloviendo es casi un suicidio, le digo que me parece genial. Hacemos tiempo en un bar de la plaza. Son las 7, el concurso comienza a las 8 ...
El auditorio del ayuntamiento está abarrotado de hadas, princesas, zombies, perros, pingüinos y demás. Madres que limpian con sus manos empapadas en saliva los rostros de sus asqueados hijos, para que estén más guapos. El zombie mayor anuncia que el primer premio es un cordero, el segundo un cochinillo y el tercero un jamón. Hay disfraces individuales y otros en grupo. Gritos de niños que tienen miedo a los zombies, otros que se quieren ya quitar el disfraz, y otros como mi hijo que se la están pasando pipa mientras yo miro el reloj como si haciéndolo hiciese correr el tiempo más rápido, que ya estaba yo cansada de horas de conducir bajo la lluvia, pero nada, el tiempo parecía no pasar.
Lo peor de todo es la parte en que oigo a una buena señora contarle a otra que su hijo se había decidido a disfrazarse a última hora y que había tenido que improvisar el disfraz de pirata que le había puesto. Aunque mirándolo bien, parecía que había sido preparado años luz antes. Y para fresa del pastel, la otra le dice que peor había sido lo suyo, que había tenido que comprar dos disfraces porque su niña "no iba a ir al cole y al concurso con el mismo disfraz" y que se había "gastado una pasta en disfraces". A lo que la primera señora le dice a su hijo que no se inscriba porque los disfraces individuales nunca ganan. El niño lagrimeando le dice que le hace ilusión, pero la buena señora insiste, dejando al pobrecillo compuesto y sin desfile.
Horrorizada ante tanta gilipollez, si se me permite el término, acerco a mi niño al escenario, donde se pone a rugir como un tigre ante los aplausos de los presentes y mi pañuelo secándome las babas.
Se acabó. Los ganadores fueron como vaticinado por la señora mamá del pirata, para los grupos, que pàra ser honesta, fueron los más originales. La partida deseada a punto de concretarse a las 9 de la noche, cuando anuncian por altavoz que se serviría un chocolate caliente en los soportales. De nada me valió mirar el termómetro que rezaba ya 5 º C, ni explicarle a mi dulce que al día siguiente había cole. Nos quedamos al chocolate.
Y después de todo esto yo me pregunto: ¿Es necesario hacer como si viviéramos en Tenerife? ¿Por qué no festejamos la Fiesta de la Primavera o la del Solsticio de Verano? ¿Qué es este complejo de Canarios que tenemos? ¡¡¡Por Dios, si es invierno!!!!!

¡¡¡¡Viva el carnaval castellano!!!! ¿¿¿???

viernes, febrero 16

Sabiduría asiática: Khalil Gibrán.




TUS HIJOS


Tus hijos no son tus hijos
son hijos e hijas de la vida
deseosa de sí misma.
No vienen de ti, sino a través de ti
y aunque estén contigo
no te pertenecen.
Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos, pues,
ellos tienen sus propios pensamientos.
Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas, porque ellas,
viven en la casa del mañana,
que no pueden visitar
ni siquiera en sueños.
Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos semejantes a ti
porque la vida no retrocede,
ni se detiene en el ayer.
Tú eres el arco del cual, tus hijos
como flechas vivas son lanzados.
Deja que la inclinación
en tu mano de arquero
sea para la felicidad.

Khalil Gibran

jueves, febrero 15

15 de febrero: Mejor un poco de humor


A veces nos sumimos en nuestros estados, recurrimos al ostracismo y nos olvidamos de sonreir. Ayer, como siempre, me hice un momento para leer blogs y leí mucha tristeza en la gran mayoría de ellos. Entonces me dije: colabora con una sonrisa.
Hoy es para mi un día especial, muy especial. De hecho sin este día cada año desde hace 37, mi historia de vida hubiese sido muy diferente. Hoy es el día en que no haré una llamada porque no puedo, porque no quiero. Hoy es un día que duele. Por eso prefiero partirlo de una bofetada, pero con humor.
Os dejo con Mafalda: la genialidad de Quino.

miércoles, febrero 14

Vientos de agua


Los tiempos ¿cambian?


He encarado esta semana con un poco de indolencia en cuanto a actividades se refiere. Una vez acabada La Metamorfosis, encaré nuevamente El Palacio de la Luna de Paul Auster, habiendo ya leído A Salto de Mata del mismo autor. No me engancha. ¿Debería? Tal vez al final cambie de opinión, no he llegado ni a la mitad, pero a mi un libro me atrapa desde el principio o no me atrapa.

Por eso he estado tumbada durante horas mirando Vientos de Agua. Una serie sobre la inmigración que había lanzado Telecinco pero que no continuó. El lunes me trajeron la colección en seis DVDs y me la zampé sin parar.

Son dos historias paralelas, la de un padre asturiano cuando con 20 años parte a América y la de su hijo que con 40 emigra a España en 2003. Aunque pensé que la historia del hijo iba a ser la que más me llegara, fue al revés. ¿Será acaso que me he enamorado de Ernesto Alterio, el hijo del genial Héctor Alterio? No lo dudéis.

Lo inmigrantes se quejan, nos quejamos. Pero si hubiésemos tenido que pasar por lo que pasó esa gente hace 80 años no lo haríamos. Nosotros llegamos en 12 horas y sabiendo aproximadamente a dónde veníamos. Lo habíamos estudiado, lo habíamos visto por Internet, o por la tele. Veníamos informados. Ellos, sin embargo, no sabían a lo que iban, carecían de información, de formación. El hambre los acechaba. A nosotros no. Y digo nosotros, refiriéndonos a los inmigrantes argentinos, uruguayos, chilenos. Sé que hay mucha gente que viene huyendo del hambre, muchos. Pero esta serie enfoca la inmigración a Argentina, puntualmente, que ha sido prácticamente igual en Uruguay o Chile. Uruguay, la suiza de América; Argentina, el granero del mundo.

Pero también hace un enfoque muy particular y acertado de la xenofobia. Mas no la xenofobia de los españoles, sino más bien la nuestra, la propia. Muestra cuan discriminates llegamos a ser los que descendemos de españoles, o italianos. Del racismo que criticamos pero que corre por nuestras venas. El protagonista acusa de robo a unos Rumanos por el hecho de serlo, le dice a una Colombiana que ella no es blanca ante el estupor de ésta. Y al final acaba dándose cuenta que quien le robó no había sido nada más ni nada menos que un coterráneo, un paisano suyo.

La serie es dura, es cruel, pero no más que la realidad.

Cuando acabó, después de haber derramado un río de lágrimas, me di cuenta de la fácil que había sido para mí. De hecho ni siquiera recuerdo detalles de mi viaje. No sé si es porque no era mi primer viaje a Europa, si es porque me lo tomé como unas largas y merecidas vacaciones.

Yo llegué a Barajas con dinero para vivir un año sin trabajar, me esperaban mis amigos, al mes conseguí trabajo, no en lo mío, es verdad, pero al mes comenzaron a tramitarme los papeles. Que no entré con pasaporte comunitario por no dilatar más el viaje. Que muy pronto conocí al que es hoy mi marido y que nunca dejó de apoyarme. Que no tuve que hacer largas colas en extranjería porque no tuve que pasar por Madrid o por Barcelona o alguna de las grandes capitales. Que no pasé hambre ni de la de la panza ni la del alma.

Ellos no. Los inmigrantes como mis bisabuelos, pasaron hambre, bañaron su barco en lágrimas y vómito. Sufrieron pestes. Tenían miedo, mucho miedo.

Entonces, anoche cuando apagué la tele, di gracias una vez más a la vida.

lunes, febrero 12

Metamorfosis




El cambio, la versatilidad, la mutación han sido el leit motif de mi vida. La primera vez que escuché la palabra metamorfosis fue en boca mi maestra de segundo de primaria mientras nos mostraba cómo la mariposa salía del capullo habiendo antes sido un asqueroso gusano de seda.

Luego en un librito que le prestaron a mi padre: "La metamorfosis come todo el tiempo· del Maestro Firpo, un libro en que dicho maestro rural cita las célebres frases y momentos trascurridos en una aula de una escuela de campo uruguayo.

Luego, claro está, el famoso libro "La metamorfosis" de Franz Kafka. Pero nunca se me pasó por la cabeza leerlo por pensar que sería una quijotada. Hasta que a principios de noviembre leí en Victoria's Home, su enfoque al respecto del libro.
Así es que lo encargué, me lo trajeron contrareembolso y estuvo ahí esperando hasta ayer. No estaba en mis planes atacar con ese último libro de la pila. Pero ahí entra Raiko, mi querido y filólogo Raiko y pone el dedo en la llaga. Uno de sus recomendados es "La metamorfosis". Dudé. Miré la tapa, me dió algo de miedo pensar si podría o no con él. Había empezado con algo más frívolo, algo que me enganchaba, una novela. Pero imaginaba las caras de estos dos retándome, "Anda, o es que no te atreves". No me pude resistir, lo leí de un tirón... Y lo volví a leer. No sé si para sacarle todo el jugo o esperando que Gregorio superara la metamorfosis mutando nuevamente a su cuerpo de hombre y él y los demás personajes fueran felices por siempre. Esa primera lectura me despertó un sentimiento profundo de compresión, de conmiseración.
Es sabido que un libro nunca se interpreta de la misma manera desde dos puntos de vista diferentes y que la interpretación de una primera lectura no es necesariamente igual que la de la segunda.
La segunda vez ya sabía el desenlace, corría con esa ventaja. Sentí no haberlo leído en otro momento de mi vida cuando además de compadecerme del personaje, me hubiese sentido él, como él: una especie de alienígena dentro de su propio medio, al que se juzga y se condena sin piedad. Quien piensa que a causa de su desgraciada realidad, a lo único que induce es a ser remachado de una vez por todas y verse convertido en nada.
Al acabar la segunda lectura di gracias al cielo por no verme como el Gregorio que fui, sino como la mariposa que sale del capullo.
Pude con Kafka y Kafka pudo conmigo, tal como he sido advertida... (Otra vez ... Raiko)
"Un libro ha de ser un hacha con la que romper el mar helado dentro de nosotros".
Franz Kafka.

Detalles que hacen bien

Hace unos días llegué por casualidad a Un Mundo de Lokos. Me fascinó su aportación, su forma clara aunque a veces críptica de mostrarnos las cosas cotidianas desde otro ángulo, generalmente a través de cuentos, parábolas o reflexiones. Es un blog que, de hecho, hace reflexionar en cada post. Lo agregué a mis links sin dudarlo. No deseaba que se me pasase por alto hacer una visita diaria como la que hago al resto de mis links.
Hoy, leyendo los comentarios de mi último post, y para mi sorpresa (la primera), había un comentario de Delokos. No es la primera vez que me pasa eso cuando encuentro las aportaciones de alguien que me gusta por encima de la media en cuanto a blogs se refiere. (Demás está deciros que mi favorito es Raiko, y no quisiera con esto que nadie se sintiese ofendido. Es un tema de química y de leer lo que más nos llega al alma, a veces.)
El leerlo me emocionó de una manera diferente. El comentario venía con un detallazo de su parte. Está aquí. Lo que sentí fue una mezcla de satisfacción con vergüenza y con incredulidad. Yo soy consciente de que no escribo a la altura de la mayoría de vosotros, los que amablemente pasáis por aquí. Yo, como siempre digo, escupo lo que me sale de dentro. Carezco de estilo literario. No estoy preparada para redactar tan acertada y estupendamente como la mayoría de vosotros. . Lo mío es improvisación pura y dura, sin faltas de ortografía, espero, aunque si con la omisión de algún tilde tal vez. En cuanto a sintaxis: fatal, una vez más, no tengo los medios, las armas para hacerlo mejor.
Pero no quiero irme por las ramas. Este post lo que intenta ser es una agradecimiento más que nada por el detalle que ha tenido Delokos. Y a la vez, y matando dos pájaros de un tiro, un agradecimiento a todos y cada uno de vosotros por el detalle de haber incluido este humilde rincón de mi alma en vuestros links.
A los que no hayáis pasado por el blog de Delokos, os lo recomiendo de una manera especial. Para que veáis la vida desde otra óptica, desde la reflexión.
Una vez más, y como es de bien nacidos ser agradecidos: ¡Gracias, Delokos por lograr hacerme emocionar en este día especialmente gris!

viernes, febrero 9

El mayor placer: Leer


Leer para mi ha sido siempre un arma para evadirme del mundo desde pequeña. Solía huir del mundo hasta mi rincón de la casa para devorar cuanto caía en mis manos. El peor castigo para mi era que me "castigaran" los libros. Me daba igual si no podía salir a jugar con mis amigos, pero que no me dejaran leer era un martirio.
Llevo desde septiembre sin tocar un libro. Una pila de ellos, nuevecitos, oliendo a librería, me están esperando.
Ya no necesito huir del mundo porque me he creado el mío propio. Mi casa es luz por donde se mire. Pero necesito surtirme de ideas nuevas, de historias de otros, de letras. No me gusta no poder contar lo que estoy aprendiendo, comentar sobre lo que estoy leyendo a quienes me rodean. Vivir un libro.
Por eso estaré ausente unos días. No dejaré de leeros porque me gusta saber de vosotros, aprender de vosotros, reir y hasta llorar con vosotros. Si no comento no penséis que no os leo. Pero permitidme esta licencia. Quiero leer, sólo leer. Se lo debo a mi espíritu, estoy en deuda con él. Os dejo estas frases que resumen en parte lo que yo siento en cuanto a la lectura:


"Creo que parte de mi amor por la vida se lo debo a mi amor a los libros "
Bioy Casares

"Cuanto más se lee, menos se imita "
Jules Renard


"El hallazgo afortunado de un buen libro puede cambiar el destino de un alma"
Marcel Prevost

"La lectura es como el alimento; el provecho no está en proporción de lo que se come, sino de lo que se digiere"
Jaime Balmes


"Sabes que has leído un buen libro cuando al cerrar la tapa después de haber leído la última página, te sientes como si hubieses perdido a un amigo"


"Dime lo que lees y te dire quien eres, eso es verdad pero te conoceré mejor si me dices lo que relees"Françcois Mauriac


Os invito a compartir vuestros libros favoritos. Y prometo algún día leerlos. Da igual qué tipo de libro. Creo que todos aportan algo. ¿Os atrevéis?

miércoles, febrero 7

¿Maniática yo?





Según dicen, hay ritos que esclavizan. No hay más que mirar la película del genial Jack Nicholson As good as it gets (Mejor Imposible). Lo mío no llega a esos límites, no es que me someta a una conducta compulsiva. Más bien lo mío raya más con lo extravagante, por así llamarlo.
De pequeña recuerdo ir a clases de inglés pisando únicamente la misma fila de baldosas, me topase con quien me topase en medio. De hecho es la única manía que me reconozco de pequeña. No recuerdo cuando dejé de hacerlo, pero eso ya pertenece al pasado. Por alguna extraña razón puedo ya darme de alta en cuanto a ella se refiere. Pero a lo largo de la vida he ido acumulando otras.
Ayer mismo me sorprendí haciendo algo que es ya muy habitual en mi, pero relativamente nuevo. Coloco todas la perchas con el gancho apuntando hacia el interior del armario. Entonces recordé que también el tema de los platos tiene lo suyo. Cada oveja con su pareja. Jamás mezclo platos de postre con hondos o los llanos. Cada uno al lado del otro en simetría descendente de derecha a izquierda. Y coloco los vasos siempre boca abajo.
Los bolis siempre con su capuchón y si están en uso, con el capuchón embutido en la parte superior. Las tapas de los vaters bajadas y las puertas de los baños cerradas. La ropa planchada y el café y el té en taza y platillo, jamás en vaso, faltaba más.
Los peluches que Martín se niega a dehechar al trastero, en el siguiente orden sobre la cama: peluche claro, peluche amarillo, peluche oscuro al centro, peluche amarillo, peluche claro en simétrica sintonía. Los de los pies de la cama: oveja, perro blanco, en medio, perro azul y dálmata. Lo peor de esta última manía es que se la he contagiado a mi hijo. No se si algún día me lo perdonará. Nunca le he dicho que los colocara de una u otra manera, pero al verlos siempre en determinado sitio ha acabado por contagiarse. Su ropa: camisa y pantalones en diferentes perchas, nunca juntos en una.
La verdad es que ahora que lo analizo, debo confesar que no es solo una cuestión de orden o superstición (ya me gustaría a mi jactarme de lo primero). Esto es lisa y llanamente un conjunto de manías que sin llegar a lo patológico existen, están ahí y conviven con mi cada vez más escaso sentido común.


Ahora, lo peor no es esto ya que la sangre no llega al río si estas pautas no se cumplen por cualquier motivo. Lo que es realmente preocupante es mi manía por la puntualidad. La mía o la ajena, no hago distinción en ello y soy implacable. Durante mis años de facultad compartiendo piso con dos amigas, supe tener un poster que rezaba:

"La impuntualidad es una falta de respeto, no de tiempo"

Y lo peor es que lo sigo sosteniendo...





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martes, febrero 6

Libre


Hacía tiempo que Ana no posteaba nada... Hace unos días entré a su blog y me encontré con ésto. El alma se me encogió como en un puño. Ya no pude dormir bien desde entonces. El corazón comenzó a pesarme como hacía mucho tiempo no lo hacía. Mirar a mi hijo a la cara se me empezó a hacer difícil. Era hora de tomar una decisión, de romper con esa angustia tan conocida y a la vez olvidada desde hacía ya tantísimo tiempo.
Llevo trabajando en la dirección de un pequeño hotelito rural desde hace años. Trabajo los fines de semana, diez horas diarias. Para más inri, puentes y festivos, Semana Santa y todo el mes de julio y agosto sin un día libre. Si, habéis leído bien, dos meses sin parar, con todo lo que ello conlleva. Pero como soy masoquista, comencé a traducir desde casa la revista de una conocida aerolínea española entre semana. Mis arcas se van llenando, ¿pero a qué precio? Sin lugar a dudas al precio de mi propio desprecio como persona, como ser humano y sobre todo como madre.
Hice planes de comprar un piso para cuando mi hijo de 4 años lo necesite como vivienda o como recurso para sus estudios, o sus sueños. Lo que olvidé es que el día que lo habitase o lo usase como medio para sus fines, este niño rubito ya se me habría escapado de las manos, que este angelito mío ya tendría barba y bigotes y seguramente estaría reprochándome el tiempo que no le di.
La angustia se mezcló con rabia, con despecho hacia mi propia actitud. Me di pena, me di asco, me detesté a mi misma. Y cuando ya no pude más con mi consciencia, después de intentar justificar lo injustificable, comencé a visualizar el problema, las posibles soluciones. Sentí temor y más angustia hasta que el sábado por la noche creí que el corazón me estallaría.
Luego recordé que hace seis años lo dejé todo. Que dejé la seguridad de una trabajo estable y que no pasó nada. Que dejé una vida y que no pasó nada. Que cambié de casa, de calle, de barrio y que no pasó nada. Que todo está bien, que no hay muertos en el camino. Y me dije que si había hecho eso por mi, que ahora lo debería volver a hacer, con el aliciente presente de tener un hijo, mi hijo, lo mejor que me ha dado la vida. Pero principalmente por mi.
Decidí entonces que el trabajo que más me gusta es el de traducir desde la tranquilidad de mi casa, sin caras de mala noche de ningún jefe, solo saludos cordiales. Te envío, gracias por tu envío. Para eso me preparé toda la vida, no para llevar números ajenos ni cuidar intereses ajenos, ni para poner buena cara ante clientes que no son míos. Que este era el trabajo que siempre había querido y había soñado. Que si bien no me da la seguridad del contrato fijo del hotel, es lo que me gusta.
Sin seguirle dando más vueltas al asunto expuse que o me iba o me daban reducción de jornada a 5 horas, incluyendo el mes de julio. Agosto de momento sigue igual. Y ante todo pronóstico de reproches, enfados y despido, ¿sabéis lo que pasó? No pasó nada. Logré la reducción de horas, logré que se me comprendiese y me sentí más valorada que nunca. Me sentí, me siento libre.
Este ha sido el primer paso del que no me arrepiento. Y menos aún al ver después la cara de mi principito al decirle que iba a trabajar menos, que pasaríamos más tiempo juntos como hace un año.
Y todo esto gracias a ese maravilloso post de Ana, a la que no estaré nunca lo suficientemente agradecida. (Sólo me faltó que me lo leyeras cebándome unos mates, Ana)
Ahora solo falta María Noel...

sábado, febrero 3

MI DIOS


Sinceramente: merecer, merezco. Nunca he matado a nadie, es verdad, pero ha sido por falta de coraje o de tiempo, y no por falta de ganas. No voy a misa los domingos, ni en fiestas de guardar.
Eduardo Galeano (El libro de los abrazos)

Mi Dios no habita en las iglesias. Es buena gente, sabe perdonar. No me hace reconocer que lo único que tengo es la nada y el pecado.
No me pide que vaya a misa. Prefiere que le susurre en silencio en cualquier lugar donde me acuerde de él.
Es comprensivo. No me castigará con el infierno. Entiende mis debilidades mundanas, humanas. Entiende las acidia que frecuentemente me aparta de mis "obligaciones espirituales".
Es divertido. Aborrece el tedio. No me pide reposo cuando no lo quiero. Y encima me da la licencia de "usar" a quien amo como medio y objeto para la satisfacción de mis placeres carnales.
Mi Dios es permisivo. No me castiga por mis errores. No me pide que me mate de hambre los días señalados - por vete tú a saber que buen señor de la antigüedad - como días de ayuno.
Mi Dios no es el del catecismo, ni el del colegio de curas.
Mi Dios fue humano,pecó,sintió amor y pasión. Fue goloso, se enfadó. Y hasta seguramente arremetió contra el prójimo cuando se sintió atacado.
Nunca me pide imposibles. Es realista. No me hace sufrir con paz y serenidad todas las adversidades. Es más creo que le encanta que me revele.
No me pide que avance hacia la santidad porque lo sabe imposible. No me pide que sea Dios, porque para eso ya está él.
Y hasta me concede la gracia de ser tan éticamente incorrecta como para escribir este post.

viernes, febrero 2

Escuchar el silencio



Ayer hubo un apagón mundial de 19:55 a 20:00 a favor del medioambiente, al que Martín y yo nos sumamos. Prendimos una vela mientras "cocinábamos" y nos quedamos en silencio los dos por un buen rato después de explicarle el por qué del apagón.


Escuchar el silencio. ¡Qué paz!


Ya se en lugares de tubos de escape no es posible. Que en vidas ajetreadas de ciudad no se encuentra ni espacio ni tiempo para escuchar nimiedades. Pero es bueno darse el gusto algún día y saborear las oleadas dulzonas de placer infinito.


Dejar que el silencio nos cuente historias fantásticas de gente en calma, de ríos sin contaminaciones, de aires sin polución. De animales que viven libremente, sin jaulas que los aprisionen ni carceleros, de árboles que no sufren la tala desmedida, salvo para alimentar alguna lumbre de hogar. Ese lugar existe, vivo en él.


Escuchar el silencio, dejarle entrar apaciguadamente por cada poro de la piel, mezclarse con el caudal de la sangre, invadir las fibras, los nervios, cada célula del cuerpo. Escuchar nuestra propia voz interior. Un regalo, un milagro.

jueves, febrero 1

Mi Vejez

"El arte de envejecer es el arte de conservar alguna esperanza"
Maurois

Siempre he dicho y sostenido que no quería llegar a vieja. Que la decrepitud no se instalase nunca en mí. Mi padre siempre lo decía también. Y una vez más, aseverando que los sueños se hacen realidad, mi padre murió con 60 años. Pacíficamente, sin dar la lata a nadie.Pues eso es lo que quería para mí. Hoy he cambiado de opinión.
Hoy he entrado al blog de una joven de 95 años, la blogger con más años de la blogósfera. Hoy quise quitarme esos malos pensamientos de mi cabeza. Hoy deseé no haber dicho nunca lo que dije, por si acaso...

Hoy comprendí que se es viejo cuando siendo joven no se tiene esperanzas, cuando no se disfruta de la vida, cuando se deja de soñar. Que se puede ser viejo a los veinte años pero joven a los 95. Este es el caso de esta gallega de 95, un ejemplo de juventud, de vida, de energía.

Hace muchos años conocí a alguien así: un espíritu joven dentro de un cuerpo zurcado de arrugas. Una señora que no dejaba de ir a la peluquería a darle brillo a su pelo blanco aunque fuera su única salida de los sábados. Ni dejaba de pintarse su "raya azul" en los párpados que cubrían un par de ojos vivaces. De la vivacidad que da la juventud.

Entonces pues, he decidido, que quiero esa vejez joven. Una vejez llena de calma, de nietos correteando por mi casa. Pero una vejez digna, sin dar la lata. Quiero verme sentada leyendo cuentos, historias, blogs o lo que la tecnología nos depare dentro de cuarenta años. Quiero la mansedumbre de los años bien vividos, la serenidad que da el haberlo vivido todo. La sabiduría de los años. Vivir por los sueños que aun me queden, por los sueños que me queden por ser soñados. Sentarme al sol con un vaso de zumo de naranja a escuchar risas de niños por mi calle. Mirar más atardeceres en el valle. "Reencontrarme con viejos amigos, leer viejos libros, beber viejos vinos." Cuidar de mi jardín. Opinar libremente porque ya nadie juzgará, simplemente me creerán una vieja loca. Liberar mi alma de malos recuerdos porque el presente llenará todos mis pensamientos.

Pero me niego a ser una vegetal ante la caja boba. Me niego a molestar, a ser un estorbo. No soportaría convertirme en un ser aburrido y egoísta. Quiero disfrutar con la juventud y la libertad de mi hijo, no ser su carga. Quiero ser feliz con las cosas sencillas. Y hacer todas esas cosas que no hago hoy por pudor, o por respeto o falta de tiempo. Quiero hacer punto de cruz hasta que me duelan las yemas de los dedos, leer hasta que la vista no me dé, bailar hasta sacarme callos en los pies. Quiero cantar en un coro aunque mi voz me espante hasta a mí misma. Comer dulces hasta hartarme.Y no dejar de aprender, pero empezar a entender lo aprendido en las lecciones de la vida, esa gran maestra.
Quiero morir de vieja y que los demás digan: Ha muerto, es verdad, pero qué bien ha vivido !!!!