lunes, abril 28

Carta para mi sobrino mayor favorito

Llegaste a nuestras vidas un día cualquiera de un mes de noviembre con mucho calor, ese calor del sur Y muchas horas de espera. Ya tus noviembres no vienen calurosos, vienen más frescos y porque la vida no te depositó por aquí por la meseta, que si no… Nos cambiaste la vida a todos; eras el primero, el primer hijo, el primer nieto, el primer sobrino; el primero, y eso no te lo quita nadie aunque te joda como a mí, el ser el primero, más que nada porque te han dicho, me han dicho, que teníamos que ser ejemplo de los que seguían, vaya tontería, ¿no, sobrino mayor favorito? Los que vienen atrás que se las arreglen como hemos tenido que hacer nosotros, a que si. Que bastante tenemos ya con lo nuestro como para andar cargando con lo de los demás. Que les den ... morcillas. (que si pongo la "otra palabra" tu madre nos mata)
Cuando llegaste venías con miedo, se te pedía mucho, se te pedía que fueras feliz. Pero es que tú lo habías dejado todo y los adultos parecíamos no entender. Es que somos un poco lerdos, la verdad. Y te sentías perdido, y no sabías muy bien de qué iba todo esto. Pero aún así yo fui dura, muy dura contigo, sentía que te tenía que hacer fuerte como sea, y fui tal vez hasta cruel. ¿Algún día me perdonarás?
Cuando llegaste te hice varias promesas que solo sabemos tú y yo, una de ellas era que estaría allí para ti el día de tu comunión, que aunque me parezca una soberana tontería, se que para ti no lo es. y aquí estoy, Santi. Estoy aquí para que ese día, aunque el pronóstico del tiempo diga que no va a hacer sol, en tu día si brille el sol. Estoy aquí esperando verte la carita bajando del tren el jueves. Estoy aquí para hacer que ese día te la pases pipa, y que lo disfrutes como uno de los días más especiales de tu vida. Estoy aquí, tía imperfecta, tía cascarrabias, tía de mala leche, pero tía que te adora y que quiere que ese día sea tú día. Que ese día, seas tú el protagonista sobre cualquier persona.
Ya está todo preparado: la iglesia barrida y sin telarañas, los trapos de los altares listos para planchar, los bancos colocados en su sitio, las flores encargadas, los puros con tu nombre, los recordatorios, la bendita Play Station pirateada con 25 juegos, la mesa del banquete reservada, los ingredientes del pastel porque tarta no nos gusta, el traje de capitán de la armada “tintoreado” y aireado al sol del domingo. Solo faltas tú.
Aquí estamos todos esperándote ansiosos, contentos, nerviosos, pero por sobre todo con mucho amor, amor del bueno, amor de familia. ¡No tardes que no vemos las horas de ver tu carita risueña de hoyuelos de niño travieso. No tardes, ¡campeón!

viernes, abril 25

Volando

Yo no quiero que me entierren, ni me ennichen ni me enpanteonen, no. Quiero que me cremen y que mis cenizas sean esparcidas por el valle, específicamente sobre el camino a Carramonte donde vuelan los buitres leonados, donde la bruma desdibuja los cerros y colinas, donde huele a hierbabuena y a tomillo y a romero.


No quiero misas hipócritas, ni gente llorando, ni mujeres enlutadas ni niños obligados.


¿Que de qué va todo esto? No, no me estoy muriendo (que yo sepa, aunque ¿no lo estamos de algún modo todos desde que nacemos?). Esta tarde fui a un entierro, el tercero en lo que va de año y los que nos quedan. Vi a un marido que lloraba quizás recordando la vida de mierda que le había dado, sus 11 partos, sus manos cuarteadas, su mirada perdida a falta de ya de lágrimas por llorar. Hipocresía.


Tampoco quiero funeral. Si Dios cree que mi vida ha ameritado las puertas del cielo abiertas de par en par, no necesita a un cura que le avise vía misa, lo sabrá sin más. No quiero campanas repicando ni llantos de pérdida irreparable. Quiero que quienes me quieran digan: “Ha vivido lo mejor que pudo y ha intentado, ha luchado por ser feliz. Fue una buena madre.” Pero sonrientes, no amargados. Es más, festejando si hace falta como hacen los americanos.


No, yo no quiero el acostumbrado teatro. No quiero alargar el dolor de nadie. Que dure instantes si es irremediable. Que mi recuerdo no genere llanto sino sonrisas y se disipe en el viento como las cenizas de este cuerpo en el que un día habitó mi alma. Yo quiero que después de mi hora, me pueda despedir volando.

lunes, abril 21

Momentos

Cuando siento que todo lo que gira a mi alrededor está mal. Cuando siento que todos a mi alrededor están equivocados, creo que es tiempo de parar y pensar qué es lo que estoy haciendo mal y rectificar o modificar; de sopesar. Es tiempo de evaluar, de autoevaluarme.

Este es uno de esos momentos.

jueves, abril 17

Aprender a volar


No pierdas la fe, no pierdas la calma
aunque a veces este mundo no pide perdón
grita aunque te duela, llora si hace falta
limpia las heridas que cura el amor



Se que no puedo meterte bajo una campana de cristal. Se que debo permitirte volar, que interactúes con otras aves. Pero detesto el vuelo de voraces halcones a tu lado. Pero tú eres sabio. Sabes perfectamente que para poder volar alto, para poder volar de verdad debes aprender a esquivarlos. Y que para dominar el arte de volar es menester compartir espacio de vuelo con palomas, y también con ellos.


Yo me quedo aquí abajo, mirando tu vuelo de a ratos, intentando ver solo palomas y canarios a tu lado, espantando de a ratos a las aves de rapiña, cuando puedo. Pero tú quieres volar solo, enfrentarte a la ventisca solo, porque sabes que puedes, porque sabes que debes.


Te dejo, reprimo una lágrima para que no me veas llorar, para darte confianza, para que sepas que confío en ti. Pero ahora mismo tengo el corazón en dos y un nudo empecinado en no pasar por mi garganta. Ahora mismo no dejo de pensar en ti ni un solo minuto. Y en Marta-paloma que ha recibido tantos picotazos ya, que es una lucha para ella cada mañana ir a volar. Que ya no quiere que la saquen de su jaulita de cristal. Y en María-paloma que llora en sueños sin poder despertar. Y en Javi-canario que anda triste y no vale confesar. Y en Alejandro-gorrión que se esconde detrás de las plumas de su madre-gorrión porque el rapaz sabe que, encima, él no es de acá.


Estoy aquí, mamá-gallina, esperando que se haga la hora de que vuelvas al nido calentito, abrigado de amor, lejos de peligros. Sintiéndome culpable por no poder, por no deber, y a la vez con la certeza de que es lo que debo hacer. Dejarte volar, dejar que te hagas fuerte tu solito, que fuera del nido hay que buscarse la vida, que fuera del nido mamá-gallina no está. Y a pesar de mi amor por este valle, he llegado a detestarlo tanto por estar tan lejos de tu patio de vuelo.


Vuela mi valiente pichón, con la frente bien alta. Aprende a volar pero sin rabia, sereno, con calma. Vuela pichón... con un par

Como el avestruz

A mi la soledad me hizo aislarme y no se lo recomiendo a nadie. Me hizo trizas la moral y me destruyó la autoestima. Me sacudió hasta el borde de la histeria. Pero era consciente de lo mal que me hacía y busqué ayuda. Eso si, nunca, ni en los peores momentos se me cruzó por la cabeza aceptar un porro. Principalmente porque siempre he tenido presente que si lo pruebo y me gusta, hasta la heroína no paro. Además, desde mi obsoleto punto de vista, quizás, es esconderse, camuflar los problemas. La droga es una mentira tan grande como que este Marlboro Light que me estoy fumando me va a relajar después de comprobar algo que me negaba a ver y a admitir.

No entiendo como con 18 años me enganché al tabaco de esta manera, pero menos entiendo que un adulto se enganche al hachís. Eso es meter la cabeza bajo tierra para no querer ver. Eso es cobardía, eso es tener falta de cerebro.

Me cuesta muchísimo en esta ocasión no juzgar, así es que me hago a un lado. Desisto. Siempre digo que no hay peor sordo que el que no quiere oír ni peor ciego que el que no quiere ver. Y yo ya no quiero estar gritando verdades a los cuatro vientos para que caigan en saco roto o reboten contra una pared.

Cada uno es dueño de sus actos, cada uno es dueño de su destino y de su vida. La macana es cuando por estas cosas se arrastra a otros que no tienen la culpa de nuestros errores.

Desde mi iluso punto de vista, quien me quiere no me da otro empujoncito hacia el abismo, sino que me ensarta una buena torta para que espabile. No me vende espejitos de colores, sino que me arrastra de los pelos hacia el espejo que muestra mi realidad y me coge de la mano y me lleva hacia el camino de salida.

Lo más fácil no es siempre lo mejor, ni es la mejor salida. Para disfrutar de lo bueno es necesario primero andar por caminos que no nos gustan, pero que aunque nos queramos engañar, sabemos que son los que nos llevan hacia donde realmente queremos ir. Pero claro, es más cómodo fumarse un porro o emborracharse hasta perder la consciencia para olvidar. Es mucho más fácil no enfrentarse a nuestra realidad. Repito, camuflarla, camuflarse, independientemente del alto precio que en el fondo sabemos que vamos a pagar.

Lejos de mi está querer herir suceptibilidades con este post. Como ya he dicho, cada uno es tan dueño de sus actos como yo de seguir matándome lentamente en cada calada a este cigarro. Cada uno puede ser tan imbécil como yo, o tan listo como los que han podido con cualquier vicio.

miércoles, abril 16

Mi hijo/a NOOOOOOOOO!

- Mi hijo/a


Me lo cuenta todo…


No pega…


No hiere…


No miente…


No pelea…


No insulta…


No dice palabrotas…


No fuma…


No bebe…


No cambia al momento que no está conmigo…


- Mi hijo/a es perfecto/a


- ¡Ja! ¡Iluso/a!



Pues si, hay madres para todo. ¡Hombre, claro! Y padres también…

martes, abril 15

Roca sale de la cárcel tras pagar ese millón de euros que a nosotros nos salvaría de la hipoteca y nos solucionaría unas cuantas cosas. Isabel Martínez de Perón (ex mujer del presidente argentino -y presidente ella- que entregó al país a los dictadores), alega ser española para no ser extraditada a Argentina. La psicóloga de la última víctima de violencia sexista no creía a su paciente. Las agresiones a gays crecen un 400%. Cuatro violadores son dejados en libertad cuatro meses después de ser encarcelados. Argentina podría censurar un capítulo de los Simpsons donde se critica a Perón.

Leo todo esto en el 20 minutos de ayer y me pregunto: ¿Y la justicia dónde está? Y si, suena a tópico, ¡cómo no!

Pero la verdad es que Roca robó hasta que se aburrió y lo pillaron por alevosía, y ahora, con esa misma pasta, paga su fianza. Es decir, que el pueblo de Marbella paga a uno de los que les vació las arcas para que salga en libertad. Y yo me digo: Bettina, roba, fórrate, espera dos años a la sombra y luego a vivir!

La Isabelita, cómplice de la desgracia argentina de los 70, por ser nacionalizada española, se puede salvar. Entonces, por regla de tres, estoy pensando que me voy a ir un par de meses a Uruguay, mato a un par de tipos que me jodieron en su día y me vengo chutando para aquí, alego que soy española y listo, ¿no?

Mato a mi marido si no lo aguanto más, me paso unos añitos en la cárcel y luego salgo tan contenta sin tener que verle más la cara. ¡Genial!

Le pego una paliza al peluquero ese pueblo porque me cobró de más y es gay y no pasa nada. ¡Qué bueno!

Violo al Duque (qué listilla), me quedo tan ancha y en cuatro meses estoy en casa mirando Sin tetas no hay paraíso mientras alardeo ante mis amigas de mi hazaña.

En fin, lo de censurar a los Simpsons ... la verdad es que no se me viene nada ocurrente a la cabeza en este momento... pero es que... ¿censura a estas alturas?

Pero ahora, bromas aparte, me cuestiono y no dejo de llamarme imbécil. ¿Quién me manda a leer periódicos con lo bueno que está el libro de la Grandes que tengo entre manos?

lunes, abril 14

Libros

¡Cómo acumulamos cosas a lo largo de la vida! Y me refiero a objetos. Yo, que me he mudado más de una docena de veces lo se bien. Cada mudanza implica un deshacerse de cosas que al verlas nos preguntamos por qué diantre las hemos conservado tanto tiempo. Pero hay otras de las que nos parece imposible deshacernos.

Sin embargo, mi última gran mudanza me enseñó que si, que si podemos deshacernos de absolutamente todo, incluso de objetos muy queridos. Estos días leía un post en el blog de Sole sobre los libros, sobre dónde ponerlos cuando falta espacio y me puse a pensar que lo único de lo que realmente me arrepiento de haberme deshecho es de mis libros. No tenía opción, no cabían en una maleta. No se cuántos había, nunca me puse a contarlos. Al desmontar la librería lloré porque cada uno de ellos tenía su historia. Y me costó sangre, sudor y lágrimas elegir un puñadito de ellos para traerme conmigo. Luego estaba el “a quién”. La gran mayoría de los libros de texto en inglés fueron a parar a mi querido Anglo, donde con 8 años y mucho miedo empecé a estudiar inglés religiosamente tres veces por semana. Otros muchos, a mis compañeras de trabajo, y las novelas también en inglés la mayoría, a manos de amigas que sabía los valorarían mucho. Aún conservo una caja en casa de mi madre con algunos. Una caja que no me atreví a abrir cuando estuve allí el año pasado por miedo a verlos y que las ansias incontenibles de traérmelos se apoderaran de mí. No se ni cuales son en realidad.

Llevo años pensando dónde y cómo organizar mi nueva biblioteca, donde los títulos en inglés ya no superan a los títulos en castellano. Ya no hay tantos libros de texto. De hecho, estos dieron pasos a algo más de cien libros infantiles, único regalo que no niego a mi hijo nunca.

No cuesta tanto separarse del resto de objetos, esas cosas de las que te piensas inseparable, pero los libros… eso es otra historia. Porque como decía Tagore: “Un libro abierto, es un cerebro que habla. Cerrado, un amigo que espera. Destrozado... un corazón que llora".


Estoy leyendo: “Malena es nombre de tango” de Almudena Grandes.

miércoles, abril 9

Pausa en el Paraíso

Esto es algo así como Gran Hermano: no lo mira nadie, pero tiene los más altos niveles de audiencia. Salvo algunas incondicionales entre mis amigas confiesan haber seguido la serie. Solo un par de ellas se confiesan enamoradas de “él”.

No os voy a engañar. He llegado hasta el punto de pasar de mi hijo y mi marido por “él”. Y es que está para mojar pan y repetir. He llegado a enviar a ambos a sus aposentos para poder tenerle todo para mí. Si, eso, como una adolescente fan de Bisbal o de Alejandro Sanz. Se ha acabado la serie por esta temporada y como dice la Sirena, andamos todas un poco revueltas. Y hoy que es miércoles y no la ponen ya, no se qué voy a hacer esta noche. Ni siquiera se cual es el programa sustituto.

El título de la serie es “Sin tetas no hay paraíso”. Muy sugerente, muy a lo bestia. Es la remake española de una serie colombiana basada en el libro homónimo de gustavo bolivar que MRW se niega a entregarme aún. Fue éxito en Colombia y ha sido un éxito en España con 5 millones de espectadores que no la miran...

Algunos se escudan en que no es más que una telenovela de amor con un guapísimo como figura principal. Discrepo. El rol de narcotraficante enamorado (Miguel Ángel Silvestre) de una adolescente a quien se le caen las bragas por él, está muy logrado. La trama atrapa. Los personajes tanto de la protagonista principal (Amaia Salamanca) como del resto (léase el de la prostituta de nombre Jessie, el del Gitano, el del poli bueno, etc) están muy cuidados, por decirlo de alguna manera.

El tema de la prostitución, las drogas, el poder… pero por sobre todo la ambición que está al orden del día, la ambición que le puede al amor por parte de “él”. El amor de ella que supera la ambición. Ese amor que se arrastra, que le hace olvidar el sentido de la palabra dignidad. Pero, ¿quién no tuvo 18 años? ¿Quién no estuvo locamente enamorada/o y dio todo por ese amor, apostando por él incluso cuando las evidencias eran más que evidentes? La serie en Canarias, por ejemplo, ha estado a punto de ser retirada por “promover estereotipos denigrantes para la mujer”. Y es verdad. Pero no deja de ser el reflejo de parte de la sociedad actual, donde el materialismo y el dinero fácil arruinan la vida de muchos jóvenes y no tan jóvenes.

El mensaje es claro: la droga, la prostitución, en este caso de lujo, denigran a unos y envilecen a otros. Y la serie se encarga de mostrar cómo acaban unos y otros.

Pues, lo dicho, seguramente ninguno de vosotros la mira, pero yo no veo las horas de que la vuelvan a poner en pantalla.

lunes, abril 7

Conversación con mi otro yo

Volver a la rutina no se me hizo tan duro como pensaba. Volver a estudiar, si. Ya no estoy para esos trotes. Antes me encantaba. Y al principio me sentí genial, me sentí hasta más joven, te lo prometo. Pero después de un mes de leer manuales de los cuales sacas un 25% de provecho real, las curvas de eficacia y de eficiencia en el estudio (que no son lo mismo aunque nos empeñemos) han ido en declive.

Y mira que me apronto mates para que mi neurona se crea que aún tengo viente años y no el doble (nooooo, casiiiii el dobleeee, que aún me falta mes y medio, tú!), pero nada. La muy cabrita se empeña en recordarme que me estoy engañando, que por volver a la talla 36 y volver a sentirme tan (bueno, casi tan… ok, un poco más cerca de tan…) ágil como antes, no voy a estar concentrada como antes.

Antes me daba igual si la lavadora había acabado o no y salir corriendo escaleras abajo para tender la ropa. Antes no suspendía un cigarro pensando en que si lo hacía me iba a hacer mal. Antes el mate no me ponía de los nervios si no le metía un saquito de tila al agua. Antes me concentraba más. Antes estudiaba para aprender y también para aprobar exámenes, ahora solo para aprender casi pasando por alto el resultado de los exámenes. Pero la nota ya no importa. Porque te pongan la nota que te pongan, eres consciente de lo que sabes y lo que no. Sabes perfectamente que un examen es, en definitiva, cuestión de suerte.

Y por más que te andes pavoneando con una nota, en el fondo sabes que fue por mera casualidad, que justo de las 10 preguntas, 9 te las sabías, pero que tranquilamente pudo haber sido al revés. Que ya no tienes ganas de estresarte porque mañana tienes examen y no te da el tiempo. Que primero está ser madre, profesional y ante todo persona.

Estoy cansada, acabo de venir de las vacaciones y ya quiero más. Síndrome post-vacacional le llaman. Vagancia crónica, le llamo yo. Así que si encuentras alguna medicina para esto en pastillas, cápsulas o jarabe, no vendría mal que me dijeses dónde la conseguiste … o a quién hay que matar.


Bettina al borde de un ataque de nervios (pero no por culpa de los albano-kosovares)

viernes, abril 4

La única urbe del viaje

Día 5: Donosti




El domingo de pascua llovía. Pero había que ir al tiovivo por narices. Nada más llegar nos dimos un paseo hasta el acuario, bordeando el puerto con su olor a marisco fresco. Carísimo pese al bono descuento que nos habían dado en Endara, pero cada céntimo vale la pena.




Un juego de cristal, agua y sonidos marinos espectacularmente conjugados con colores imposibles de describir y especies marinas de las que busques. Descubrimos un pez blanco que llamamos “narizotas”, un pez “tarta”, un pez “linterna”, morenas que se resistían a despertar. Nos maravillamos ante la danza de las medusas (impresionante) y vimos por primera vez un tiburón nadar sobre nuestras cabezas y tímidos caballitos de mar en la antesala del museo egipcio con sarcófago incluido. Martín tocó una estrella y un erizo de mar en la piscina tactil, pero los peces se resistieron a ser amasados, fueron más listos que él.


Y por fin el tiovivo. Siete vueltas cantando “ un barquito de cáscara de nuez” y más canciones de los payasos de la tele rematadas por canciones infantiles en euskera que no menguaron el entusiasmo de mi niño. Verle era una gozada. Ya no diré más “más feliz que un niño en una tienda de chuches”, diré más feliz, “que Martín en el tiovivo de Donosti”. Porque al verle tan feliz te olvidas del frío, y del txirimiri que baja desde el Igeldo que una vez más no puedes subir por mal tiempo y disfrutas viéndole disfrutar mientras tú tiemblas y apuras un cigarro para alcanzarle otro ticket para otra vuelta más.




Donosti, según mi amiga Amelia, la capital más bonita de Europa y la más chic, nunca me ha vuelto loca, soy más de verde, de pueblos blancos, pero el casco antiguo es mi devoción. Y para recompensarla, como cada vez, le compro allí una botella de patxaran que le vuelve loca.



Música de gaita, castañuelas y guitarras alegraban la mañana gris. Pintxos deliciosos de innumerables sabores, texturas y colores se abrían en abanico en las tabernas.



Las olas subían y bajaban en la Kontxa mientras nosotros evitábamos las esculturas de Chillida y el Kursaal, la ciudad modernista. Donosti invitaba, el tren Txu-txu pitaba llamándonos, pero el dictador ya necesitaba volver a casa y un hombre como él, de clima frío y austero, se empezó a quejar de frío. Y un hombre como él, de largas caminatas diarias, empezó a sentir un terrible dolor de pies. (Manda … ) Y partimos hacia casa, no por Pamplona por donde me gusta ir y venir sino por Bilbao, por donde se llega más pronto a la desértica Castilla la Vieja. Donde el verdor se pierde antes, donde mi corazón ya empieza a echar de menos Euskadi.


Adoro llegar al valle, a casa pero cada vez que vuelvo, durante unos días, siento una moriña de olor a mar y verdes colinas que no me pasa con ningún otro lugar. Siento Euskadi en la piel, en el alma. Y siento que ella me quiere a mí. Y por eso sigo regresando, porque no me cansa, porque me encanta. Pero por sobre todo porque aún me queda tanto por descubrir…


Euskalherria, atsegin handiz


País Vasco, con mucho gusto.


Nota para los que me preguntasteis por mail el por qué de los nombres en euskera: Detesto cuando me llaman "Betita" o "Benita" o "Bertina", yo me llamo Bettina. Y lo mismo pasa con cualquier nombre propio, o no? Además he incluido entre paréntesis los nombres en castellano… (Que ya os vale a las dos…)

miércoles, abril 2

Verde, que te quiero verde.

Día 4: País vasco francés y navarro.

Angeles verdes
Angeles sabios
paseaban serenos por los prados
Gabriel Celaya

Habíamos visitado Hendaye en varias oportunidades, la playa es ideal para ir con niños, y Saint Jean de Luz, pero no conocíamos esta parte. El dictador quería ver cuevas, él necesita ver piedras de la forma que sea. Su vida de pseudo-arqueólogo lo lleva. Y él se deja.

Partimos esa mañana hacia Sare (Sara). Movistar nos avisa que en Francia también podemos engordar sus bolsillos mientras un pastor de ovejas, mitad euskera, mitad francés nos quiere indicar, pero mi paupérrimo francés no logra entender, a lo que el buen chico se esfuerza para explicar en castellano, igual que el del correo que incluso nos hace un mapa para llegar a las grottes. Eso se llama hospitalidad, eso se llama dar realmente la bienvenida al turista, eso se llama tener don de gentes. Eso es sentirse orgulloso del sitio donde se vive. "Alguno" debería darse un paseo por esas tierras y aprender un poquito, que a veces somos un pelín austeros hasta para eso… no digo más…ni doy gentilicios, pero el que quiera oír que oiga, ¿no?



En el parador donde me senté a esperar a mis dos hombres mientras se adentraban en las cuevas (yo ni loca), había guías en castellano, en euskera, francés e inglés. A eso le llamo yo hacer buen marketing. Porque ellos saben que no solo de castellano vive el hombre, y saben que al turista hay que tratarlo bien, y porque no son tan orgullosos como para pensar que "el que viene, que se atenga a nuestras costumbres y nuestras leyes y a nuestro idioma", como ocurre por aquí que nos pensamos que “todo el mundo debe hablar castellano” o como por las tierras de Serrat, que si no hablas o lees catalán o te las apañas como puedes, estás jodido en muchos sitios… (Madre mía, Bettina, cómo estamos hoy!). No es servilismo, no, lejos de ello, es brindar un servicio como debe ser. Ni más ni menos. Pero es que “nosotros” somos tan listos …

Y luego viene lo raro, lo extraño, lo que por un momento me deja la boca seca… Siguiendo el itinerario marcado, una carretera más estrecha que las del valle, que se dice pronto, pero mucho mejor asfaltada, serpenteaba delante de nosotros hacia Zugarramurdi en Navarra. Nunca llegamos. Al llegar al final de la larguísima cuesta del Pirineo Navarro, bajo lluvia y nieve, llegamos a una venta donde previa compra de souvenirs (no me puedo resistir), nos indican que hace rato nos pasamos de Zugarramurdi (anunciado como un lugar de brujas y hadas). Nunca vimos el cartel desvío.

Podría echarle la culpa a Dios, pero es que no le recé a él mientras subíamos porque a veces se hace el sota o no me quiere oír cuando pido gilipolleces y no sería justo. Yo le pedí a mi bisabuela Paula que nos guiase (a veces me da por esas…) Y anda que si nos guió. Acabamos en Etxalar, de donde es oriunda parte de mi familia vasca y a donde no pensábamos regresar ese día.


Etxalar es precioso y me emociona saber que un trozo de mis raíces está ahí. Caminar por las calles que un día ellos caminaron, mirar los sitios donde vivieron, poder observar la evolución de la familia en cada casa donde moraron. Pero no estuvo planeado.

La vida me había llevado hace dos años a Etxalar en busca de partidas de nacimiento o de bautismo que me certificaran físicamente que mi familia era de allí. Había encontrado las partidas de sus padres y de sus tres hermanos en el ayuntamiento del pueblo. Entonces no me preguntaron si las quería para obtener nacionalidad española, que va. Se mostraron contentos de ayudarme y felices de aclararme que aunque estuviera en Navarra, por supuesto que mi bisabuela era vasca. Pero su partida no figuraba allí aunque mi tía Berta se empeñe. Misterio…

El domingo cuando regresamos al valle y por casualidad, o causalidad (no lo se, pero lo presiento) estaba mirando la partida de nacimiento de mi padre, se me cayó el alma a los pies: Paulita Telletxea Zubiría, su abuela, había nacido en Uruguay, no en Navarra. Y porque soy así de tonta o de mística, como mejor creáis, creo que ella me regresó allí porque sabe que es difícil que vuelva sabiendo que ya no tengo nada más que averiguar por Extalar; que ahora debo marchar a Bizkaia a por la otra rama, la de los Goicoetxea, de su marido Martín José. Y luego me podéis llamar imbécil también si queréis, pero siempre he dicho que jamás pondría a un hijo mío el nombre de nadie de mi familia aunque me gustase. Pero me enteré que mi bisabuelo se llamaba Martín un mes después que naciera mi hijo, porque mi padre y mi abuela siempre lo habían llamado, el abuelo José… Cosa ‘e mandinga, como se dice por el sur, no?


Comimos en la taberna debajo del ayuntamiento: ya a estas altura no me acuerdo del menú, pero estaba buenísimo y a muy buen precio. Nuestra ruta siguió, cómo no, por Lesaka. Ese pueblo se niega eternamente a mostrarse con sol cada vez que vamos. Y como creo que por narices le debo simpatizar, porque es hermoso, insistiré hasta poder sacarle fotos con sol. (siempre tengo alguna excusa). Luego Oiartzun (Elizondo, en los castizos mapas de Google) que me recibe en la primera taberna que pisé en mi vida con Martintxu dormido hace ya casi tres años.



Cenamos en Etexebarri enfrente de Endara. Un bacalao que no olvidaré en mi vida y un goxua (tarta de nata, caramelo o crema pastelera y bizcocho) delicioso –aunque un poco empalagoso ya al final- y un poco de sidra vasca para brindar por tan buen día a pesar del mal tiempo.

Y a descansar, que aún nos quedaba Donosti… y el tiovivo.

Felices 15, Nerea!

No te voy a desear que tu vida sea un camino de rosas sin espinas como me desearon a mí cuando cumplí 15 años. Te estaría mintiendo. Además tú, que eres más lista que el hambre, ya te habrás dado cuenta. Que la vida tiene momentos dulces y otros que no lo son tanto. Porque tu cabeza, al contrario que la mía, no tiene 15 años, sino quince siglos. Aunque hagas las cosas que hace cualquier chica de tu edad, tú eres mucho más sabia que ellas y de lo que fui yo a tu edad.


Tú eres como hubiese deseado que fuera la hija que nunca tendré. A pesar de que nunca quise hijas, lo sabes. Lo mío es lavar gayumbos, como le llamas tú, no bragas. Lo mío es lavar cabezas que se secan en un pis pas, yo no soy madre de coletas, ni de trenzas. Pero si hubiese tenido una hija, hubiera querido que sea como tú de guapa, de serena, de buena gente, Nerea, Tita como te llama mi cohete rubio, tu niño.


Nunca vas a leer esto porque odias la cursilería y yo para estas cosas, soy muy cursi, hija mía, no tengo remedio. Soy de la vieja escuela de sentimentalismo sudaca estilo Stanislavsky (y si me equivoco de autor, ya vendrá Sole a corregirme). Sabrás perdonarme… pero qué digo, si no lo vas a leer. Ya me encargaré de enviarte una tarjeta más austeramente castellana que no te haga sonrojar. A ver cómo me las apaño. Porque no quiero arrancarte colores ni que me los arranques tú a mí después de leerla. Pero es que necesitaba escribirte algo, aunque no lo leas.

Te deseo que intentes ser feliz en cada paso de la vida, te deseo que aunque sea una vez conozcas a un gran amor. Que se cumpla tu deseo profesional, y que luches porque el resto de ellos se hagan realidad. Que aprendas antes yo, que si deseas con todo el corazón, serán. Que no tardes una eternidad en valorar las pequeñas cosas de la vida. Que quieras locamente, pero sin que esto te vuelva loca. Que sueñes sin que los sueños sean tu objetivo primero. Que aprendas pronto que el triunfo es efímero, pero que los fracasos nos hacen crecer y aprender mucho más y que no están en vano en el camino.

Feliz cumpleaños, Nerea, Tita, nuestra Tita.

¡Cómo no quererte, guapa, si eres un sol!