miércoles, enero 28
Ay país...
Lección de humildad
¿Cuántas veces se nos ha dicho que escuchemos a los niños? ¿Cuántas veces nos hemos dado cuenta de que son mucho más sabios que los adultos?
El lunes tuve reunión con la profe de mi príncipe. Me dijo lo que ya sabía porque sus notas llegaron antes de las vacaciones de invierno. Pero además me dijo que hace poco más de una semana les puso a los niños un control de matemáticas y que él había sido el único de toda la clase que lo había aprobado. Yo me quedé con cara de tonta, primero por el orgullo de una madre totalmente negada para las matemáticas y segundo porque Martín jamás lo mencionó en casa.
A la hora de la cena, mientras su padre freía patatas y nosotros dos poníamos la mesa, se lo comenté, lo felicitamos y le pregunté por qué no nos había dicho nada. su respuesta fue contundente: "Ya me había felicitado la profe, además no me gusta haber sido el único porque los demás se quedaron tristes".
Es la humildad de los grandes, aunque a veces no lleguen al metro quince... Pero como yo no soy humilde, mal que me pese, me henchí de orgullo por él, no ya por sus notas, sino porque le veo perfilarse como un gran ser humano, y eso me vale más que un puñado de notables.
domingo, enero 25
Volver a empezar
sábado, enero 24
Eurodisney- parte 3
martes, enero 13
Eurodisney- Parte 2
Increíblemente, nuestro avión de Iberia solo se retrasó media hora al salir. Nos encontramos un París nevado y un frío en el aeropuerto de Orly que acuchillaba los pies y sacaba vapor de nuestras bocas. Pronto llegó el autocar rojo que nos llevaría al hotel. Un hotel enorme, diez veces el tamaño de nuestro pequeño pueblo castellano. Ambientado en el oeste, este hotel impersonal con cinco recepcionistas, contaba con bar, restaurante, sala de juegos y tienda. Los 16 grados bajo cero de la capital francesa se sentía calar hasta los huesos.
Sin embargo, partimos hacia el parque en los autobuses amarillos dispuestos para tal menester. A los 3 minutos ya estábamos en el Disneyland Resort Paris que empezaba poco a poco a iluminarse. Un espectáculo tan impresionante, que los ojos de mi principito no daban abasto.
Cientos de cuidadores y gente de seguridad velaban por nosotros. La primera atracción fue una horripilante montaña rusa que bajaba a una mina y que logró que el café que me había tomado subiera y bajara por mi esófago y que las pulsaciones de mi corazón subieran a cuatrocientas y tantas miles, pero él muerto de risa ante mi acojone disfrutaba como un enano, si es que los enanos disfrutan tanto de verdad. Fotos, bocas abiertas, belleza estilo Hollywood y mi sorpresa ante mi propio disfrute de esta parte europea de Yankeelandia…
Eurodisney- Parte 1
