miércoles, enero 28

Ay país...

¿Cómo es que has podido sorprenderme tanto, país pequeño con forma de corazón? ¿Cómo es que me quedé con ganas de más a pesar de estar tan lejos de mi hijo? ¿Por qué me empiezas a gustar después de cuarenta años? ¿Por qué me haces esto, justo ahora?

Lección de humildad

¿Cuántas veces se nos ha dicho que escuchemos a los niños? ¿Cuántas veces nos hemos dado cuenta de que son mucho más sabios que los adultos?

El lunes tuve reunión con la profe de mi príncipe. Me dijo lo que ya sabía porque sus notas llegaron antes de las vacaciones de invierno. Pero además me dijo que hace poco más de una semana les puso a los niños un control de matemáticas y que él había sido el único de toda la clase que lo había aprobado. Yo me quedé con cara de tonta, primero por el orgullo de una madre totalmente negada para las matemáticas y segundo porque Martín jamás lo mencionó en casa.

A la hora de la cena, mientras su padre freía patatas y nosotros dos poníamos la mesa, se lo comenté, lo felicitamos y le pregunté por qué no nos había dicho nada. su respuesta fue contundente: "Ya me había felicitado la profe, además no me gusta haber sido el único porque los demás se quedaron tristes".

Es la humildad de los grandes, aunque a veces no lleguen al metro quince... Pero como yo no soy humilde, mal que me pese, me henchí de orgullo por él, no ya por sus notas, sino porque le veo perfilarse como un gran ser humano, y eso me vale más que un puñado de notables.

domingo, enero 25

Volver a empezar

Se acabaron las vacaciones, las del enano y las mías que ya duraban demasiado. Sacudirse el polvo de estrellas, el polvo del camino y el polvo que produce la quietud costó, costó demasiado. Nos esperaban carreteras heladas, semi-cubiertas de nieve. El dejar de lado el calorcito de casa, las tardes tonteando o marujeando... costó.
Sesenta alumnos me esperaban. Me esperaban a 45 km de mi casa, cada tarde. Una especie de semi-agorafobia se me desencadenó de pronto, sin previo aviso. Luché a brazo partido los primeros días. Fueron años sin ejercer la profesión que tantos gratos momentos me había dado. Sin embargo me planté ante la clase como si aquel 20 de diciembre de hacía ocho años hubiera sido ayer. Ellos debieron notar mi seguridad porque a la semana siguiente ya había 75 alumnos revoloteando por mis clases, pero interiormente me inundaba la inseguridad.
Todo hasta que alguien que me conoce mucho, que me quiere más me dijo: "Que te dejes de joder de una buena vez. Disfruta, piensa qué vas a hacer cuando te paguen y disfruta de lo que ya te mereces".
Debo ser honesta, ya no disfruto como antes ante la pizarra, ya no tengo tanta paciencia, pero se ve que no se nota porque están todos encantados y eso debe ser lo que cuenta. Alguna vez alguien me dijo que un buen docente es el que sabe "actuar" delante de una clase, que un docente es un actor en toda regla. Definitivamente me he autonominado al Oscar, debo ser muy buena actriz, porque para mi el buen docente es quien, además de saber transmitir conocimientos, además de aprender él mismo mientras enseña, es quien disfruta ante una clase y yo ya no lo hago como antes.
¡La madre que me parió, si es que estoy como la gata Flora!

sábado, enero 24

Eurodisney- parte 3


Desayuno buffet, cientos de personas en el enorme salón. Llegamos pronto al parque, más atracciones. preciosas, fantasiosas, alucinantes. Miles de fotos. El trencito de Mickey y sus amigos. Gente adulta que pierde todo el sentido del ridículo con diademas con las orejas de Minnie, gorros con la cara de Pluto, parejas de novios, gente sola, parejas sin niños y obviamente, muchos niños.

Nos habían dicho que las colas eran interminables. Nosotros prácticamente no hicimos colas salvo en raras ocasiones. Nunca sabíamos dónde estarían los personajes firmando autógrafos, solíamos encontrárnoslos por casualidad. Si veíamos cola en alguna atracción, nos íbamos a otra, y "mágicamente" cuando regresábamos había solo un puñadito de personas. Perdíamos cosas que luego encontrábamos, no hacíamos colas para llegar a subir al autobús que 4 minutos después nos llevaría a nuestro hotel. "La magia de Disney" repetía mi principito sin cesar. Será eso...

Si tuviera que quedarme con algo de todo lo maravilloso que vimos juntos sería los Disney Studios. El Cinemagique. La magia del cine, el despliegue hollywoodiense, yo la anti-Yankee, la que detesta los EEUU, la que nunca pisaría esas tierras.

Si tuviera que buscar una palabra para describir mis emociones allí, sería "sorpresa". Nunca digas nunca, ni este cura no es mi padre, se dice por aquí.

Podría seguir y seguir y aburriros más y aburrirme más, pero solo acabaré diciendo que esta luna que os muestro se desplegó ante nosotros justo en el último momento de dejar el parque por ¿última vez?

Me suelen preguntar si vale la pena el viaje, si vale la pena lo mal que tratan a los españoles los franchutes, si valió la pena el frío que pasamos el primer día... Mi respuesta es siempre la misma: si hubieras visto la sonrisa espléndida -a veces forzada por el frío- de mi hijo, entenderías por qué lo llevaría una y otra vez hasta que se hiciera hombre y me dijera que ya basta. Porque en la vida hay cosas que no tienen precio, y este viaje, esas risas cómplices, esos abrazos de frío y ternura, esas manitas frías entre mi pelo, ese amor tan grande compartido ... no tienen precio.

martes, enero 13

Eurodisney- Parte 2

Increíblemente, nuestro avión de Iberia solo se retrasó media hora al salir. Nos encontramos un París nevado y un frío en el aeropuerto de Orly que acuchillaba los pies y sacaba vapor de nuestras bocas. Pronto llegó el autocar rojo que nos llevaría al hotel. Un hotel enorme, diez veces el tamaño de nuestro pequeño pueblo castellano. Ambientado en el oeste, este hotel impersonal con cinco recepcionistas, contaba con bar, restaurante, sala de juegos y tienda. Los 16 grados bajo cero de la capital francesa se sentía calar hasta los huesos.


Sin embargo, partimos hacia el parque en los autobuses amarillos dispuestos para tal menester. A los 3 minutos ya estábamos en el Disneyland Resort Paris que empezaba poco a poco a iluminarse. Un espectáculo tan impresionante, que los ojos de mi principito no daban abasto.


Cientos de cuidadores y gente de seguridad velaban por nosotros. La primera atracción fue una horripilante montaña rusa que bajaba a una mina y que logró que el café que me había tomado subiera y bajara por mi esófago y que las pulsaciones de mi corazón subieran a cuatrocientas y tantas miles, pero él muerto de risa ante mi acojone disfrutaba como un enano, si es que los enanos disfrutan tanto de verdad. Fotos, bocas abiertas, belleza estilo Hollywood y mi sorpresa ante mi propio disfrute de esta parte europea de Yankeelandia…


Eurodisney- Parte 1


Lo siento si aburro o aburriré con el tema, pero quiero dejar plasmado aquí uno de los viajes que serán para mi inolvidables. En mis cuarenta años de vida he tenido tres viajes inolvidables: mi viaje del 98 al Reino Unido, la primera vez que pisé tierras vascas y éste.

Siempre he detestado los parques de atracciones, pero le había prometido al cohete rubio que lo llevaría. Iba sin ganas, cansada, pero el ver sus ojitos al preguntar cuántos días faltaban me daba ánimos.

Hoy solo diré que todo fue mágico. Tal vez, como me decía él cada vez que nos pasaban cosas increibles, sea "la magia de Disney", pero yo quiero creer que era otro tipo de magia.

Era mi primera vez en mucho tiempo como turista de guía y de todo calculado, milimetrado, acordado previamente. Todo, menos la magia...