jueves, junio 16

Candela


Una luz, como su nombre indica. La conocí hace como 20 años, igual no llega o si... Imposible olvidarse de su sonrisa de niña traviesa, de sus ojos chispeantes, de sus manos fuertes. Estuvo siempre: en las malas, en las buenas, en las duramente chungas y el día que me vine. Recuerdo casi todas las caras de mis alumnos, pero la suya en especial. Fue la cara que más me dolió el día de la despedida. Siempre he sentido y siento que no estuve a la altura de todo lo que me brindó. Era más joven que yo, pero muchas veces me dio lecciones de vida que no olvidaré.
Nos reímos mucho juntas, lloramos mucho juntas, compartimos interminable sesiones de mate, hablando en inglés, de la vida del amor, del desamor...
Hace cinco años que no la veo, pero la recuerdo y la nombro constantemente. A ella y a su madre, que muchas veces ofició de madre conmigo también. La Nukis... qué tía más grande, que tía más madraza!
En estos días encontré su correo por casualidad, antes no tenía, la muy tercermundista... y se me inundó el alma y se me rebozó la emoción. ¡Cuántas ganas de verla! ¡Cuántas ganas de abrazarla hasta hacerle daño!
Te quiero Candela, te quiero amiga de tiempos locos y ojalá existiera la palabra para decirte cuánto te echo de menos.
¿Nos volveremos a ver algún día? ¿Volveremos a tomarnos unos mates? ¿A comer el arroz con dulce de leche de la Nukis? Dios y el tiempo nos lo dirán.