miércoles, mayo 30

Llamado a la solidaridad

¡Qué año, señor, qué año! Dice la numerología que el 9 es un número de cambios. ¡Y vaya si lo es! Pero tantos…

A mi me va mucho el cambio, pero despacio, de a poco, si tantos sobresaltos. Este año me voy sintiendo como un saltimbanqui de aquí para allá. O mejor dicho como el mono que soy, de rama en rama. El problema es que no salto tanto por gusto sino que el aire, las ráfagas del viento me van moviendo como fichas de ajedrez, me obligan a moverme. No me permiten el retiro voluntario de la carrera. Este año ni hibernar ni estar aletargado, este año me exige movimiento. Sin embargo ya no estoy para estos trotes. Quiero parar un poco, tomarme un respiro. Descansar… ¿Más me diréis? Es que lo que yo necesito descansar no es el cuerpo si no mi cabeza dando vueltas a mil por hora.


Quiero tumbarme a tomar el sol en las Seychelles o hacer el camino de Santiago, da igual. Pero necesito un poco de aire, un poco de meditación y hacer algo de insight.


Es por eso amigos que ando con ganas de pedir ayuda. ¿Habrá alguien entre mis amigos lectores a quien le sobre un pasaje a las Seychelles con todos los gastos incluidos? ¿O quizás alguien que pueda hacer de canguro de un niño de cuatro años y otro de 43 mientras me adentro por los senderos desde Roncesvalles hacia Santiago de Compostela? Luego solo me quedará llegar a donde Sole y que me reciba con unos mates y ganas de hacerme un buen masaje en los pies. Solo os pido eso. ¿Tendrá alguno de vosotros tan buen corazón?




Aclaración: Quiero ir solaaaaaaaaaa. No se admiten colados.

martes, mayo 29

Déjame soñar.


Déjame soñar. ¿Sabes lo que quiero? Que te vengas. Que andemos por mi valle, que este aire purifique tu ánimo y tu alma, que te de vida.


Que una vez curada te refuerces y viajemos. Que el AVE nos lleve hasta Sevilla, que entre tablaos flamencos y sevillanas nuestra risa se escuche desde cada rincón de España. Que nos comamos una paella en Valencia, que nos vayamos de tapas por Extremadura. Por allí nos perdemos en algún café con Raiko, si es que Dios no lo ha citado antes. Que nos pongamos morenas en el Mediterráneo. O que nos vayamos de compras por Andorra, o esquiemos en Baqueira. Que con los pintxos de algún bar en Passai Donibane o en Donosti nos hagan la boca agua. O podríamos irnos a Santiago a comer vieiras y juntarnos con Sole en algun café del casco antiguo. O pillar un avión y tomarnos unos cream teas en The Mock Turtle, unas lagers en el Portland Pub. O darnos un paseíto por las Highlands o por Cornwalles, que me quedé con ganas.

Y si no podemos hacer nada de eso, siempre nos quedará el concierto de Serrat y Sabina que me tenías prometido. Déjame soñar, que mis sueños siempre se hacen realidad.

domingo, mayo 27

Mis lugares



Delokos nos acaba de mostrar hace unos días sus lugares. Yo me he apropiado del meme sin tener en cuenta que puedo llegar a teneros hartos de mi pueblo y sus alrededores. Lo siento. Ahí van más fotos de MI LUGAR. Esta es la iglesia a la entrada del pueblo.




Esta es una encina sobre las montañas que rodean el valle, aunque es una de las más pequeñas. La mayor tiene seis metros de circunferencia y es una encina centenaria. Me gusta andar con Martín por aquí, saborear la tierra, escuchar sus murmullos, ver más allá del silencio del horizonte. Oler a hierbabuena y a romero, juntar piedras y guijarros.





La calidad de las fotos no es buena, pero la primera comenzando por la izquierda es la fuente de la plaza y el lavadero en invierno. Al centro, los prados donde pastan las ovejas y solemos jugar un partido de fútbol los días que hace bueno. A la derecha, una vista del encinar con un palomar desde mi casa.






Este es el valle nevado. Un espectáculo único para los sentidos.




Aquí es donde he elegido vivir. Aquí soy persona. Aquí quiero que mi hijo crezca feliz entre ovejas, encinares y sabinares, libre. Su nombre: Valderromán, "valle de romanos". Un pueblo con historia no contada, un pueblo de gentes sencillas y trabajadoras. Un pueblo de la España profunda, en un rincón de Soria, la retratada por Bécquer o Machado, pero la siempre tan olvidada.

Aquí el aire no poluciona los sentidos, aquí la calidad de vida emerge en su máxima expresión como en tantos otros pueblos de la península. Aquí se vive, se vive de verdad. Este es MI LUGAR.

viernes, mayo 25

Balance

Hoy siento la necesidad de hacer una retrospección, un balance de vida.Miro hacia atrás atreviéndome a hacerlo, con un gran peso de conciencia al faltar a mi promesa: la de nunca más mirar atrás. Hoy me traiciono a mi misma por una buena causa: hacer balance y valorar.



Nací un día como este del año 68. El mismo día de unos cuantos años después de la asunción del primer gobierno rioplatense con autonomía de España, qué ironía. Y 58 años después de la creación de la Universidad Nacional de Montevideo, otra gran ironía. Y acabo de enterarme que en un día como el de hoy, pero de 1681, moría Pedro Calderón de la Barca.



Nací en plena revolución, por lo que justifico desde aquí mis ideas revolucionarias diciendo que no ha sido ni mi culpa ni la de la genética, sino del período de la historia en que me tocó nacer.



Mi infancia transcurrió entre alegrías y profundas tristezas. Entre juegos de niños en la quinta de mi Tata y libros. Los setenta me marcaron para siempre. Mi adolescencia es un tema espinoso del que me niego a hablar y más que nada a recordar. En realidad siempre he pensado que si por ventura alguien consiguiera meterme en una máquina del tiempo y tuviese la intención de transportarme a los 80, me suicidaría literalmente.



Los 90 fueron años de continuos cambios. Desde las cumbres más altas hasta los abismos más oscuros y profundos. Mientras que el nuevo milenio trajo aparejado la conclusión de mis sueños más deseados.



En estos 39 años he aprendido muchas cosas, como todos vosotros, pero lo más importante, lo realmente relevante fue conocerme a mi misma y finalmente encontrarme.

Ya con 39 años me he dado cuenta del verdadero valor de las cosas, de las personas, de la vida. No me olvido de lo que fui, ni de donde vengo, pero tengo muy presente a donde voy. No reniego del pasado que me hizo tanto daño, sino que le agradezco haber sentado las bases, mis bases, para haber podido llegar a ser lo que siempre quise ser: en definitiva, una mujer normal.

martes, mayo 22

Parque temático, madres y el Duque de Lugo

Sábado. Excursión del cole al Parque Warner en Madrid. Mi principito revolucionado, yo estresada antes de salir. Odio los parques de atracciones, pero cómo le dices no a un par de ojos azules transparentes de inocencia con tanta ilusión.
Dos autocares, noventa personas. Contra todo pronóstico los niños se portaron extremadamente bien. Los niños, digo bien. El problema fueron las madres.

Antes de salir un par de ellas emborracharon a sus hijos con Apiretal ya que habían pasado la noche con fiebre. Yo alucinando me preguntaba,¿por qué montar a un niño enfermo en un autocar durante dos horas? Más tarde sabría la respuesta. Durante el viaje uno de los dos niños vomitó cuatro veces. No es nada, solo que tiene el virus ese. (¡¡¿¿¿???!!!) Al desviarnos por la M40 iba yo prestando mucha atención qué desvíos cogía el autocar por si alguna vez me largaba sola y saber bien dónde me metía sin aparecer en Valencia. Una de las madres, la del otro niño que por la noche había llegado a los 38º (nada más), y que no me dejaba en paz, comenzó a decirme que no me preocupara, que era muy sencillo llegar. Claro, sencillo si llevas 30 años de tu vida viviendo en Madrid. “Que si mujer, M30, M40, dirección Córdoba por la carretera de Andalucía hasta que ponga parque temático”. “Ya pero déjame mirar, de todos modos….” “Que no es necesario, que te lo digo yo, miraaaaaaaa, mi barriooooooo” Y yo despistada porque para hacer semejante alarde, por lo menos muéstrame la Moraleja (léase Carrasco para uruguayos, La Recoleta para argentinos, pero ya la habíamos pasado. Nada, lo que la buena señora mostraba era Vallecas (El Cerro, Liniers…)
Al llegar nos dispersamos en grupos. A nosotros nos tocó con las señoras porque éramos los que teníamos niños más pequeños. De pronto un revuelo de cuidado: Don Jaime de Marichalar, duque de Lugo,marido de la Infanta Elena de Borbón y Grecia aparece con sus hijos en el parque. Paparazzi, cámaras, y la negativa de éste de entablar conversación con la ilustrísima madre de uno de los niños de grupo. Ahí se quedó ella compuesta y sin salir en el Tomate el lunes. Ahí empezó la odisea propiamente dicha. Después de un par de atracciones decidimos comer pronto. Se les antojó comer paella. Caminamos más de 45 minutos buscando el sitio donde vendían comida mediterránea. Al llegar, descubrieron que los tickets que teníamos eran de menú fijo, que para la paella había que pagar, pero eso no estaba en sus planes.

Más tarde mi niño quiere montarse en los helicópteros esos que giran sobre si mismos, y rotan alrededor de un eje, subiendo y bajando sin parar. Too much, me niego. “No te preocupes que montamos con él” “Gracias” Pero gracias más que nada por el respiro, por dejarme en paz un rato…aunque luego tenga que quedarme con tres niños para que sus mamás se monten en la lanzadera. Compro dos refrescos y dos cubos de palomitas de maíz, una para mi, otra para Martín. Cuando llegó la avalancha, adiós palomitas, adiós refrescos. No quiero que mi hijo beba de la misma pajita de los niños con virus!!!!! “Mujer, qué exagerada eres! Que no pasa nada!” Me niego, tengo que ir yo a volver a comprarle un refresco que una vez más le es arrebatado. Busco excusas, me voy al baño, desaparezcamos de aquí a comprar un refresco que te puedas tomar tú solo!!

Fin de jornada. Llegamos al cole. Yo vivo a 30 km, está lloviendo, el niño dormido, corro hacia mi coche. “Toc, toc, no te importa arrimarnos hasta casa, no?” Sin esperar respuesta se suben. No pasa nada, si son solo las 9 y media de la noche, a las diez estoy en casa… tranquila. Mientras tanto ellas se maldicen no haber nacido de alcurnia y no haber podido ser inmortalizadas junto al Duque de Lugo y salir el lunes en la prensa rosa.

lunes, mayo 21

Derecho al voto

Ya están aquí…


Los candidatos se pelean por el municipio aunque por estas latitudes sea ad honorem, o lo que es lo mismo, no cubran ni un duro por ser alcaldes.

Yo soy ciudadana española desde julio de 2005, pero aún no tengo mi DNI. El motivo, preguntádselo al Registro Civil Central de Madrid que fue quien me la otorgó faltando un fatídico sello de la Embajada Española en Uruguay. Tranquila, me dijeron, que la ciudadanía ya la tienes y no te la quita nadie. Pero claro, no puedo ejercer como tal porque no me ha llegado la partida de nacimiento española, es decir mi inscripción en el Registro Civil Central. O sea que sigo teniendo los derechos de cualquier "con-papeles" de residencia permanente, o sea que de aquí no me quita ni el santo padre, pero no puedo votar.

El tema es que yo vengo de una sociedad donde el voto, además de ser un derecho, es una obligación. El Estado Español no me obliga a votar, pero es que yo quierooooo!

Pero nada, aparentemente, el papelillo llegará en junio. ¡Junioooo! ¡Pero si las elecciones son en mayo! ¡Y yo quiero sacar a mi marido de la alcaldía del pueblo! ¡Siiiiiiii, quiero votar a su oponente! ¿Es que nadie entiende que no quiero que mi media naranja sea alcalde por 6ª vez consecutiva? Si es que esto, además de ser un engorro para mi, parece ya un régimen dictatorial que lleva más de 20 años!

Ya se que no comprenderéis de qué va todo esto. Paso a aclarar. En el pueblo vivimos 20 personas… y mi voto es MUY importante, más bien, decisivo para que "el dictador" se vaya. Para que pase más tiempo en familia y que a mi no me toquen el timbre a las 12 de la noche para quejarse de que a la farola de la casa de alguno se le ha fundido la bombilla o que el repetidor de la tele no va y las vecinas no pueden ver el Tomate por Telecinco.

Pero allí no acaba la cosa. Yo tampoco puedo votar en las elecciones uruguayas. NO. Soy desertora de la patria, aparentemente. Otros países, como España mismo, permiten el voto por correo o mismo traen gente del extranjero porque su voto cuenta. No se si será porque por aquí cada vez vota menos gente, pero lo hacen. Sin embargo Uruguay, no. No vaya a ser que la izquierda gane por demasiada ventaja. Claro, es que los que hemos emigrado somos todos comunistas, subversivos, rojos, indeseables de m.... Si te fuiste, te jodiste, ese es el lema.

Pero yo tengo familia, amigos a los cuales mi voto podría servirles. Nada, otros comunistas, subversivos, rojos, indeseables de m.... Se sienteeeee….

Y así es como me he transformado en una indeseable para las urnas, no así para algún que otro candidato que pagaría mi peso en oro por mi voto. Pues nada, a esperar a las próximas elecciones, amigos!



viernes, mayo 18

Te quedan cinco días



Encontré esto hace ya un tiempo googleando y me pareció genial. Lo escribió la periodista Teresa Viejo. Ni se me ha ocurrido visitar la página web citada a continuación, por lo que no se si en realidad existe y ... por si las moscas.


Pensó que el programa había errado en el cálculo o que en su torpeza había introducido un cero más de la cuenta y volvió a teclear sus datos. Podría haber parado, haber deducido que aquello que le enredaba era un camelo para tontos con ganas de escaquearse en el trabajo, pero no lo hizo y la pantalla repitió el mismo augurio del minuto anterior: “Quedan cinco días para tu muerte”.
Encontró la página cuando olfateaba por los confidenciales la última batalla mediática entre el Gobierno y la oposición y le robó el morbo a la primera. ¿Una dirección electrónica en la que calculan cuándo te vas a morir? Le faltó tiempo para anotar en su buscador el nombre –www.deathclock.com–, y al momento el ordenador se tiñó de luto. Para entender las letras que se extendían sobre fondo negro tuvo que poner en práctica las lecciones de inglés que la empresa le regala en días alternos, y así fue introduciendo un informe confidencial: 46 años, varón, 1,77 de estatura, 91 kilos, Escorpio, sedentario, maniático del orden, pesimista y fumador empedernido. “Check your death clock”. Y accionó el doble clic sobre la pastilla.
El resto de su mañana transcurrió en estado de shock, intentando deglutir una información que debería estar prohibida. Nadie puede continuar con su vida corriente si el destino ya le ha puesto a ésta fecha de caducidad y el protagonista participa del dato.
—Hoy estás en otro sitio, tío. No sé qué te pasa. ¿Quieres que nos bajemos a tomar una cañita y así te despejas?
—No tengo tiempo.
Y sin dar más explicaciones a su compañero de trabajo tomó la chaqueta, el móvil, las llaves del coche y dejó el resto de su biografía sobre la mesa de despacho. En el primer semáforo en rojo se puso a pensar en un futuro tan cierto como limitado. Debía aprovechar cada aliento que le quedaba en este mundo, así que se dirigió a su sucursal bancaria. Aparcó en doble fila y se despidió del leal coche, abandonándolo a su suerte. El resto de su existencia iría en taxi.
En el banco desplumó las cuentas que le permitieron sin la firma de su mujer y pidió una tarjeta platino de tramitación inmediata. Una vez en la calle se encaminó a la tienda de motos de alta gama de cuyo escaparate solía colgarse. Entró y eligió una flamante BMW. Pagó al contado, incluso con propina para poder llevarse el modelo del expositor. Durante más de una hora circuló Castellana arriba-abajo sorteando coches y camiones de reparto, saltándose los semáforos en ámbar, compitiendo con su sombra por el carril bus hasta que la Policía Municipal le dio el alto. Le dijeron que de una sentada había perdido todos los puntos, pero él siguió conduciendo sin normas ni casco, como siempre soñó. Tenía cuatro días y medio.
Comió marisco con Dom Perignon. Cenó beluga con Pingus. Durmió en una suite del Palace acompañado por dos piernas majestuosas y un trasero de quinceañera. Y en ningún momento dejó de sonar el móvil que él había silenciado mientras su mujer, en la ignorancia, le llamaba a gritos. A media mañana amaneció el hombre y durmió la batería del teléfono.
Los días siguientes los pasó en otros brazos ensayando posturas infinitas. Saboreando lo nuevo. Cruzando umbrales prohibidos hasta entonces. Degustando placeres no conocidos antes. Sorbiendo la vida que una página en internet le había robado de un plumazo. En fin, gastándose las cuatro perras que con sacrificios y privaciones habían ahorrado su mujer y él.
Como era un hombre de números, administró las reservas económicas para llegar al minuto cero en este mundo ligero de equipaje y con los bolsillos del Armani recién estrenado vacíos. Había meditado mucho sobre el modo en que quería marcharse, y dado el buen recuerdo que guardaba a su familia se decidió por uno que les permitiera llorarle en condiciones: moriría en un lugar público, con el DNI en la chaqueta junto a una carta de despedida. Por lo menos, a ella le quedaría la pensión de viudedad.
El céntrico cibercafé le resultó perfecto porque así podría seguir en directo la cuenta atrás de su destino. Minutos antes de la hora prevista abrió la página web y acompasó su latido al segundero. Sólo cuando la pantalla volvió al inicio y el reloj empezó a contar en positivo entendió que, en efecto, había finiquitado su antigua vida.


Teresa Viejo


Sería genial que viviéramos como si nos quedaran cinco días de vida. Sin abusar, claro está, y siendo coherentes. No nos vaya a pasar como a este buen señor.

miércoles, mayo 16

Mis miserias


Llevaba un par de días de locos con muchísimo para traducir, poco tiempo y fechas concretas de entrega impostergable. Comía bocadillos de lechuga con tomate y atún sin mayonesa, por lo de no engordar más que nada, sentada al ordenador tipeando como posesa varias horas hasta que llegaba mi principito rubio del cole. La falta de ejercicio, el comer mal y a deshoras está pasando factura. Esos rollitos infames están asomándose por los laterales.
Esto viene a cuento, porque después que la calma retornó a mi apacible vida, subí hacia el bunker en donde paso mis horas de trabajo o blogueando y me topé con algo que me sorprendió sobremanera: el caos de mi escritorio.
El mapa político de la Argentina en cuero, con escudo de gorro frigio incluido y febo asomando sobre él, en donde Martín se empeña en señalar a Uruguay, miraba impávido el escenario que paso a describir. La pila de CDs y diskettes. que ya no uso porque nuevas tecnologías puntas les han superado, yacía volcada indolentemente sobre una alfombra ... de papeles. Post-it, note-it pegados por doquier sobre la pantalla, la pared, la mesa,el gorro frigio. Una taza de café descafeinado con el interior amenzando ser invadido por cucarachas. Si, descafeinado, si no, no hay quien me aguante! Una botella de coca-cola de litro en envase de plástico recalentada por el calor de la CPU y con sabor a pis de gato. Si, me encanta la coca-cola, y qué. Y no la light ni la zero (por qué se empeñarán en escribirla con zeta!), ni la descafeinada. Esas son mariconadas. La coca-cola, la de toda la vida es mi vicio... número dos.
Pero lo más espeluznate no era todo eso, sino el cenicero a tope de colillas a medio fumar o con el filtro retorciéndose en formas imposibles. Si, también soy de las que enciendo dos cigarros a la vez, dejándolos a veces en el mismo cenicero para luego decir que estoy cada día peor o que la senectud está llegando demasiado deprisa. Y lo peor de lo peor: un rollo de papel higiénico sobre el teclado del ordenador número dos, porque se me habían acabado los pañuelos de papel que yacían olvidados también en una bolsa blanca de asas de esas del Mercadona, porque siempre me olvido de comprarme una papelera. Apuntes entreverados con diccionarios y el último libro de Coelho que me llegó contrareembolso y aún no he tenido tiempo de leer, mientras Las Uvas de la Ira me miran de reojo acosantes por no haber acabado aún con él.
Y no os penséis que sus dimensiones son enormes, no, es un escritorio normal que digamos se ha expandido hacia el suelo, la mesa del ordenador del al lado, paredes, cuadros. Un escritorio invasivo que no ha perdonado nada.En resumidas cuentas, un escritorio tan falto de pulcritud y de glamour como he visto pocos. Iba a sacarle una foto y subirla, pero decidí que no quería herir más sensibilidades de la que el post en sí pueda llegar a herir. Y por el poco de vergüenza que aún me queda. De todas maneras creo que podéis formaros una idea global del mismo sin problemas. Claro está que en este caso, la realidad supera con creces la ficción...

¡Hala! Ya he desnudado mi alma por completo contando mis más terribles miserias.

martes, mayo 15

Mitomanía


Me la recomendó Charruita. Leí varios de sus post, aunque no todos aún. No es necesario seguir ahondando más para declararlo un blog genial, aunque sí un deleite.
Marta Drooker escribe el
Diario de una Mitómana en un derroche de energía, de lectura de la buena y con un despilfarro de humor tan necesario. Al leerla no pude evitar hacer un paralelismo con Maitena. La última lo hace en forma de viñetas, Marta Dooker, en forma de cuento. No se qué grado de realismo tienen estos post, ya que quien dice que es "inventora", que no mitómana como se han empeñado en tildarla, es ella.
Comenzar a leer, es partirse de risa (mearse diría ella). La forma que tiene esta mujer de transmitir hasta lo más duro, lo más doloroso es increiblemente humorístico. Y es de agradecer hoy por hoy cuando la risa, remedio infalible, se nos escabulle de cuando en cuando.
Pero el objetivo de este, mi post, además de recomendaros la lectura del Diario de una Mitómana, es el de conseguir que algún día ese blog llegue a ser publicado. Sería fantástico y al alcance de todo aquel que quiera disfrutar de él, hasta en los kioskos, o las librerías.
Pues aquí va mi pequeño granito de arena. Quien quiera oir que oiga, y quien pueda hacer algo... que lo haga.


(Advertida estabas)

domingo, mayo 13

Impotencia, dolor y rabia


No puedo darte más que este poema, mi abrazo virtual, mi apoyo incondicional, mi cariño enlazado con un dolor tan, tan profundo, impotencia y mucha, mucha rabia.
Y pedirte, suplicarte que no renuncies a ser feliz, a ser persona. Que no te sientas nunca culpable y que denuncies. Y dejarte mi corazón en un abrazo infinito.

En sangre y libertad. Verde amapola
de andares de silencio, enamorada;
dulzura sin pasión, pasión sin ira;
locura sin dolor,dolor del alma.

Despierta ya, mujer, tú no has nacido
esclava de culturas ya pasadas.
El aire de tu amor pide justicia.
No niegues al silencio la palabra.

Es sólo una persona quien te humilla.
Sólo es un animal quien te maltrata,
Tú tienes la razón, aunque no baste
a leyes y uniformes. Lucha y habla.

Grita con libertad que te has cansado,
que te obliga el silencio a dar la cara;
que sin ser de violencias consejera,
la violencia te empuja a la batalla.

Si mañana el hogar amaneciera
sembrado de amapolas y de lágrimas,
¿podrá culparte el mundo?
Sólo diste las rentas de una vida maltratada.


ANASTASIO PAJUELO GALLARDO CAMPANARIO ( Badajoz)

viernes, mayo 11

Personajes del valle IV



A paso cansino van él y su burro. El le acompaña acompasado. “Le queda poco tiempo”, me dice una vecina de las que pasan ya los ochenta inviernos castellanos del valle. No sé si se refiere al burro o a él. Prefiero pensar que es al primero. Aunque para hacer honor a la verdad, el burro sin nombre forma parte de mi historia en este pueblo.

El pueblo es la plaza, la fuente, el lavadero, la barandilla, la fragua, los huertos y el burro. Y él. Felipe, llamémosle así, el de la mirada perdida, siempre como cavilando.

Las manos curtidas, enjutas, cuarteadas por el sol y los fríos inviernos de antaño, cuando la nieve llegaba hasta la cintura. Su cara surcada de de hilos hundidos en la piel. A sus uñas se las han comido el huerto que a sus ochenta y tantos aún siembra. No para hasta el poniente. Esquiva el agua porque “el agua pa’ los peces”, dice.

Por la mañana el cantar de los pájaros lo despierta. En su vida tuvo un despertador. Para qué, si la naturaleza siempre cumple sus funciones. Un tazón de leche calentito y a la labor otra vez. No tiene lunes ni domingos. “La misa, pa’ los curas”. “La risa pa’ los niños”. “La fiesta pa’ los jóvenes”

No conoce el cine ni los centros comerciales. Por no salir del pueblo no sale más que por algún entierro. Y me pregunto si sueña, si ríe a escondidas, qué piensa, qué siente, si espera…

¿Qué será del pueblo sin él, sin los demás personajes tan necesarios y tan pasados por alto a veces?


miércoles, mayo 9

Perfume de mujer


Me despierto en medio de la madrugada en un sofoco desesperante. Ya están otra vez aquí. Me retuerzo sin cesar en mi vano intento de no sentir. Es inútil. Tomo medidas a pesar de que en mi interior se que ya es demasiado tarde.

Me levanto al alba y lo preparo todo para cuando me quede sola en casa. Mientras tanto plancho concienzudamente cada prenda, de principio a fin. Desde calcetines a pantalones, por si acaso. Mujer prevenida vale por dos, me digo.

Las 9, al fin sola. Cojo mis herramientas y me dispongo a recorrer la casa. Perfumada en gasoil, así estoy. Zamp, zamp, zamp! Fregona para quí, fregona para allá. Que no quede ni un rincón sin empapar con agua perfumada en gasoil. Muevo muebles, quito sábanas, abro ventanas, ventilo, fumigo zapatos, botas, zapatillas y todo lo que encuentro a mi paso. Tiro el agua a la estrecha calle de mi casa por si acaso las hubiera ahí también.

Lavo ropa a mano, cuidadosamente. Investigo entre las costuras antes de meterlas al agua. Me obsesiono con cualquier mota negra que aparezca.

Desventajas de vivir en el campo. Ras, ras, me rasco sin parar.Me embadurno de pomada para picaduras. No pararé hasta que no quede una sola pulga en toda la casa.

lunes, mayo 7

Ya no más...



Este fin de semana asistí a un curso sobre INNOVACION que tuvo lugar en el hotel donde trabajé hasta hace un mes. Además de encontrar fallos organizativos (¿por qué será que como nosotros no lo hace nadie?) me gustó la sensación de sentirme como en casa. El curso es de tres jornadas. El sábado fue la primera, el domingo, la segunda y el próximo 26 la conclusión.


El sábado fue un día de “descoloque”. “Para poder ser innovadores, creadores, debemos descolocarnos”. Mis neuronas alteradas en baile de dendritas enmarañadas colapsaron y salí esa tarde sin reconocerme, sin entender qué hacía yo ahí entre directivos de empresas cuando siempre he sido de letras. El por qué no me gasté el dinero (una pasta) en hacerme una escapada con Martín a algún sitio tranquilo.


El segundo día redescubrí que el trabajar en equipo no es lo mío, que por eso me atreví a trabajar de freelance. Me molesta descubrir estas cosas en mí. Me molesta que un tío que se cree el ombligo del mundo por estar en una posición de privilegio se haya reído de las apreciaciones de otro que no llevaba la corbata puesta.


Y lo que más me jode, si me permitís la expresión, es mi actitud. Qué diablos tengo yo que asistir a este tipo de eventos con gente que lo único que tiene en mente es seguir en la “rat race” hacia la cima, sin importarles a quién pisen (debo admitir que conocí también gente fantástica).


En resumidas cuentas, estoy cabreada conmigo misma. Ni con el expositor, ni con el grupo, sino conmigo. Si es que yo ya paso de todo esto, si es que yo quiero seguir viviendo en mi “área de confort”, no necesito salir de ella para sentirme segura de lo que quiero. Es verdad que me gusta el cambio, el aprender constantemente, el innovar. Pero no a cualquier precio, y menos al precio de mi equilibrio emocional. Ya no más.

jueves, mayo 3

Mis ochenta





Tras un manto de neblina


No has hemos de olvidar


Corría el año 82. El día 2 de abril Argentina e Inglaterra (el rubio pirata de Atahualpa Yupanqui) se retorcían en una guerra para hacerse con la “hermanita perdida”. Yo no entendía. En mi cabeza de uruguaya- suiza-de-américa-lejana-a-conflictos-bélicos de trece años no cabía el entender por qué los hombres mataban a otros de su especie por un trozo de tierra, donde sus habitantes tenían muy claro a quién querían pertenecer. No entendía de soberanías, ni de litigios, ni argumentos políticos. Y menos aún entendía por qué mi primo de 18 años debía empuñar un fusil por la patria. Si la patria lo quería, ¿por qué lo mandaba a la más absurda de todas las guerras?

Viví esos días entre los rezos de mis tías y mi madre porque mi primo Tito no fuera llamado a filas. Si él no era soldado, si él quería quedarse a estudiar peluquería, si él no quería lanzar granadas, sino cortar pelos aunque con piojos.

Su pelotón llegó hasta Bahía Blanca. Nunca llegó e embarcar hacia Malvinas o las Falklands. Pero otros sí. Eran pibes de 18 años luchando contra marines preparados para matar, ataviados con trajes especiales contra el frío, con comida abundante.

Mientras tanto en las televisiones seguíamos la telenovela de los pormenores del pretexto que se daba. Se organizaban programas especiales para recaudar fondos para la masacre. Se recogían joyas, ropa y chocolatinas que nunca llegarían a destino, al tiempo que el gobierno de facto de turno se frotaba las manos abultando sus arcas y dándose un respiro con la excusa perfecta. Todo el pueblo argentino silenciado y unido ante el dolor era ideal para acallar las voces de las madres y abuelas de Plaza de Mayo. El pueblo en las calles festejaba ir a combate. La mayoría de los medios gráficos, televisivos y radiales se sumaban al sentimiento triunfalista y exitista que proclamaba el gobierno militar. Títulos como “Euforia popular por la recuperación de Malvinas”, "Estamos Ganando" o "En las Malvinas hay Gobierno argentino", cubrieron las tapas de diarios y revistas.


Mis trece años miraban horrorizados los desfiles de tropas con destino al sur. No comprendía cómo se podía festejar ir a la guerra. Incrédula escuchaba a madres y padres orgullosos de que sus hijos fueran llamados a defender la patria. Nadie vio la artimaña, nadie llegó a sospechar a lo que esos niños se enfrentaban, además del frío, la hambruna y la muerte. Hubo de pasar tiempo hasta que se convencieran.

Los que tuvieron la suerte de volver contaban luego que nunca vieron las chocolatinas ni la ropa en teoría enviada. Algunos perdieron los puestos de trabajo que se les había prometido conservar a su vuelta. Otros enloquecieron, otros se suicidaron, otros nunca más volvieron a ser los mismos.

Hoy cuando oigo de las aberraciones de las guerras, y de lo inútiles e inhumanas que son, recuerdo todo aquello tan lejano pero que no se me olvida. Y sigo aún sin comprender la avaricia de los fabricantes de armas, de la consciente inconsciencia de los que están abajo, abajo y de la hipócrita mirada de los que se piensan jefes del mundo, allí arriba, arriba. La indecorosa soberbia de los poderosos mercaderes de la muerte.