No se puede forzar. Es o
no es. Y si es, no hay dónde refugiarse. Si es, no lo borra ni un borrón y
cuenta nueva. No lo borra el hastío, ni el tiempo inexorable, nada.
Se siente en el alma, en
la piel, en las entrañas. Carcome los huesos, cae con las lágrimas, se derrite
en una mirada, en una sonrisa. Se expresa con palabras nunca dichas, jamás
pronunciadas. Pero está ahí, latente aunque no abrase, como el alma.
Aparecen puentes
invisibles, hilos que conectan, magia que envuelve, poesía que rima como cantos
de sirena. Es intransferible, soberbio, sublime, majestuoso, regio.
No se crea, no se inventa,
no se construye. Imposible de construir. Solo es o no es. Y cuando es, no hay más
dónde esconderse. Inevitable, como las olas de cualquier playa caribeña.