martes, noviembre 25

Inevitable

No se puede forzar. Es o no es. Y si es, no hay dónde refugiarse. Si es, no lo borra ni un borrón y cuenta nueva. No lo borra el hastío, ni el tiempo inexorable, nada.
Se siente en el alma, en la piel, en las entrañas. Carcome los huesos, cae con las lágrimas, se derrite en una mirada, en una sonrisa. Se expresa con palabras nunca dichas, jamás pronunciadas. Pero está ahí, latente aunque no abrase, como el alma.
Aparecen puentes invisibles, hilos que conectan, magia que envuelve, poesía que rima como cantos de sirena. Es intransferible, soberbio, sublime, majestuoso, regio.

No se crea, no se inventa, no se construye. Imposible de construir. Solo es o no es. Y cuando es, no hay más dónde esconderse. Inevitable, como las olas de cualquier playa caribeña. 

viernes, noviembre 21

¿Qué es peor que un dolor de muelas?

Peor es el dolor del corazón, peor es haberte sentido solo en medio de un ciudad, peor es querer decir y callar.
Peor que un dolor de muelas es querer y no poder, que las lágrimas se congelen antes de llegar al lagrimal.
Peor que un dolor de muelas es que las palabras no dichas hinchen el alma de impotencia, o los abrazos no dados, o los te quiero guardados tanto tiempo, que se hizo demasiado tarde.

Por todo eso, lo vivido, por suerte, ya tan lejano, se queda uno mil veces con este dolor de muelas que se pasará, según el dentista, en uno o dos días, cuando todo se asiente y regresará la calma. Porque todo pasa, hasta el dolor del corazón, la soledad acompañado. Todo, menos los te quiero guardados tanto tiempo que se hizo demasiado tarde.

lunes, noviembre 17

Algo

Si nada se termina y todo se transforma, ¿dónde estás fumándote un cigarrillo? Si te dieras cuenta que necesito que me acompañes, que me digas por dónde sigo. Una charla aunque sea en sueños, unos mates. No sé, elegí vos el sitio, el momento, el cómo. Me hacés falta hoy, viejo.
Me hace falta la frase célebre del día, un consejo, una guía, un descubrimiento. Un cuento de cuando eras chico. Una esperanza, un abrazo o una buena bofetada, algo. Necesito saber que estás por aquí, en algún lado, viéndome vivir, acompañando mi camino.
Por qué no me explicás por qué uno de joven es tan necio, tan poco tolerante, tan poco comprensivo.

Decime algo, no te prometo nada a cambio, nunca fui buena cumpliéndome promesas ni a mí misma. Un mensaje, unas líneas, una canción, una palabra. Decime algo que hoy es lunes, y aunque esté sentada al lado de la chimenea, tengo frío. 

miércoles, noviembre 12

Sin aviso previo

A uno deberían avisarle cuando va a crecer. No está bien esto de amanecer un día, así de golpe y sentir que los años que pone el DNI son los que son. Qué injusticia más grande darse cuenta que habrá ropa que ya nunca te pondrás sin verte ridícula, que la arruga esa, justo entre las cejas, de pronto se volvió una zanja que ni toneladas de cremas de Lancôme o de L'Oreal podrán ya nunca rellenar.
El tiempo podría ir avisando poco a poco. Pero este despertar así, de golpe a la madurez no hay quien lo aguante. Se siente tan mal como la sensación de bofetada cuando algún chaval te llama de usted y  a ti te dan ganas de decirle, "usted? usted? por qué no te vas un ratito por donde has venido?" Y soltarle un guantazo, claro, por impertinente y por joven que no tiene la zanja en el entrecejo o lleva la misma minifalda que a ti te sentaba tan bien hasta hace tan poco.

Uno no debería enterarse así de esta manera que para los veinteañeros ya eres muy mayor solo porque resulta, dicen, que das buenos consejos. Entonces, claro, te empiezas a mirar con detenimiento y las arrugas de las manos no mienten, ni el flotador de alrededor de la cintura. Pero eso no es ni de cerca lo peor. Lo peor es darse  cuenta que ya no tienes ni la energía, ni las ganas ni la fuerza. Que en algún lugar se te perdió algo, la chispa, la necesidad de lo nuevo, de conocer, de visitar, de experimentar. Lo peor es el acomodo, la comodidad, la tranquilidad, la mansedumbre, la parsimonia. Lo peor de todo es haberte perdido, de repente, sin saber cómo ni dónde. Lo peor es que sabes que eres ya imposible de encontrar.