Disfruta del camino.
Chapotea en los baches, nada en el lago, deja que la lluvia te moje. Salpica a
los transeúntes. Mientras tanto, ama, ríe, llora como un cocodrilo o con llanto
quedo, maldice o disfruta. Come, saborea, paladea lo que algún día no podrás
saborear. Sonríe hoy que quizás mañana no tengas dientes. Rízate el pelo, haz
que la espera se haga interesante. Píntate el ojo, que la vida no te pille desalineada.
Juega con tus hijos, con tus sobrinos o con los niños de la casa de al lado, o
con tus alumnos. Juega. Invéntate historias y vívelas como si ya existieran.
Resiste a la tentación de quejarte. Agradece lo que vives, lo que tienes,
agradece que estás sano, agradece que estás vivo. Contempla la belleza a tu
alrededor. Vive. Sueña. Vibra. Enfádate un rato si es necesario. Usa la terapia
del cojín matándolo a puñetazos. Recoge tus piezas y vuelve a
armarte como un puzzle. No lo pienses, házlo. Que la vida es bella, aún con sus
sinsabores. No dejes de luchar contra tus miedos mientras esperas. Brilla ante
lo gris, lo aburrido, lo opaco de la vida. Y espera tranquila que lo que tenga
que ser, será.
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